viernes, 24 de octubre de 2008

Santidad a Jehová


La palabra Santidad o Santo, proviene del hebreo Qadosh. La santidad es un atributo propio de la naturaleza divina, que señala su perfección absoluta, su integridad y es todo lo contrario al pecado. La santidad de Dios puede llamarse el atributo de los atributos, no en vano Levítico registra la palabra santo 73 veces.

El pasaje de Isaías capítulo seis, nos muestra una majestuosa visión del trono de Dios, y en ella se muestra a los serafines de seis alas, que alababan constantemente diciendo: “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de tu gloria”.

Con respecto a la iglesia, el término santo significa “apartado para Dios”, ó “separado para el exclusivo servicio a Dios”. La santidad completa de Dios, contrasta con el estado natural de la raza humana, que ha sido contaminada por el pecado original relatado en Génesis capítulo tres. El pensamiento clave del libro sacerdotal de Levítico es “Santos serán, porque Santo soy yo Jehová tu Dios” Lv. 11:44.

Dios, se tomó el trabajo de establecer toda una maquinaria religiosa y sacerdotal. Con el propósito de fijar en la retina de su pueblo escogido, verdades absolutas. Unas de esas verdades más trascendentales, es el concepto de Santidad. El tema del libro de Levítico es “Yo soy Jehová, vuestro Dios. Vosotros, por tanto, os santificaréis y seréis santos, porque yo soy santo” Lv. 11:44.

Dios, deseaba enseñar a su pueblo a vivir en santidad. Según las normas rituales del primer pacto, lo puro, era lo que podía aproximar al hombre a Dios. Era impuro todo lo que incapacitaba para el culto o lo excluía de él. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” He. 12:14.

Israel, no tenía una norma doble de moralidad, una para el sacerdote y otra para el pueblo; al ser las mismas exigencias, demuestra que la santidad debía invadir todos los aspectos de la vida cotidiana: la comida, la bebida, las relaciones familiares y sociales. El pueblo de Dios debe proteger su cuerpo, mente y espíritu de todo lo que pueda contaminarlo. Dios empleó las cosas materiales, como holocaustos y libaciones, con el fin de enseñar verdades morales y espirituales. Hay pensamientos, palabras y actos que hacen impuro al creyente. El cuerpo es templo del Espíritu Santo y no debe ser contaminado con vicios, o pasiones desordenadas. “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” 1 Co. 6:19.

“Salgan de en medio de ellos, y apártense, dice el Señor, y no toquen lo inmundo; y yo los recibiré” 2° Co. 6:17.

El hombre que Dios busca, debe cultivar por excelencia, la santidad en su vida. No podemos crecer, ni ser lo que Dios quiere de nosotros, sin ser obreros santos. El creyente, es sacerdote en su hogar, y un representante del Altísimo en la sociedad. Al igual que los pontífices de la ley mosaica, a quienes se les exigía una vida intachable, tanto moral como espiritual; así el hombre de Dios, debe ajustarse a una vida santa. “Harás, además, una lámina de oro fino, y grabarás en ella como se graba en los sellos: “Santidad a Jehová” Ex. 28:36.

La iglesia del tercer milenio, tiene como gran misión evangelizar el mundo, utilizando todos los medios tecnológicos disponibles. Existe hoy un gran número de herramientas para la comunicación de las Buenas Nuevas. Las radioemisoras, la televisión, las revistas y los periódicos, son formidables plataformas para alcanzar al mundo perdido. Por muchos años la iglesia ha reaccionado lentamente a las nuevas formas de comunicación. Un gran reto para los cristianos de hoy y del futuro, es arrebatar al diablo tantos espacios que hemos desperdiciado por temor.

Doy gracias a Dios, que las estaciones de radio, está siendo conquistadas para Cristo en nuestro país (Chile). No me cabe duda, que ha sido un gran reto para la iglesia. Se necesitó de cristianos valientes y altamente comprometidos con la expansión del reino para lograrlo. Es maravilloso como los hombres (también mujeres) han interpretado correctamente la visión amplia de Dios, y la han aterrizado en proyectos concretos y ambiciosos. De igual forma, la comunicación televisiva, es incursionada por pioneros cristianos en Chile, con paso lento, pero firme. Resulta maravilloso ver como aún existen hombres que le creen a Dios, muchas veces, a pesar de las ácidas críticas de los que nada aportan al evangelio.

La televisión, es una herramienta muy utilizada para la expansión del pecado. En todo el mundo se promueve por las pantallas, la gloria de la lujuria y del sexo ilícito. La familia ha sido ridiculizada y flagelada sistemáticamente por las grandes empresas televisivas y el cine. Sin lugar a dudas, la televisión refleja la inmensa rebelión del mundo y sus valores caídos, en contra de un Dios santo y justo. La cantidad de imágenes impuras y la exaltación de doctrinas de demonios, son el pan de cada día. Erramos al pensar que la iglesia esconda su cabeza, y no vea jamás televisión, más bien, lo correcto es conquistar un mayor espacio de su programación, y saturarlo con valores cristianos.

La evangelización, no es otra cosa que lucha de poderes, entre los reinos del bien y del mal. Sabemos que la victoria final es de Dios y sus santos, pero mientras ese momento no llegue, serán hombres santos y ungidos, quienes empujen a esta humanidad a andar por la senda de vida.

Pocas cosas impresionan más a los inconversos, que un cristiano de vida consistente. Un predicador, que salta y grita en el púlpito las preciosas verdades de la Palabra, sólo tendrá éxito si las vive en su andar diario. El carácter santo del creyente de Dios, se muestra en la calle, en el trabajo y en todo lugar. Frente a un gran auditorio, en un bello templo, es fácil ser santo. Pero cuando nos enfrentamos a la rigurosa y constante tentación de la sociedad actual, puede probarse de que material está echo nuestro sermón de “santidad”. “Tus testimonios son muy firmes; la santidad conviene a tu casa...” Sal. 93:5.

La santidad en el sexo, es uno de los aspectos más trascendentales, en la vida del creyente. La sociedad moderna ha desvirtuado sistemáticamente la moral, el sexo y la virginidad. El diablo se ha encargado de ridiculizar los correctos valores éticos, y reemplazarlos por antivalores. La juventud de hoy, ve como algo anticuado y despreciable el llegar al matrimonio virgen. La idea de pureza y castidad, son luces que se apagan aceleradamente. No es extraño encontrar señoritas de catorce y quince años de edad, que ya han tenido una o más relaciones sexuales. Los jóvenes, intentan probar su hombría teniendo intimidad con una mujer. La corriente de este mundo impulsa fuertemente a los jóvenes a una vida promiscua y fornicaria.

Los adultos, no están exentos del riesgo de llevar una vida licenciosa. El adulterio, es pan de cada día en el mundo actual. No existe ningún país libre de este flagelo. La atracción de la mujer extraña, en un peligro constante para los ministerios cristianos, en especial, los que promueven la santidad. En Chile, hasta el año 1998, casi el cincuenta por ciento de los niños, eran naturales ó ilegítimos. Este alto porcentaje es consecuencia de una conducta adúltera e irresponsable. Cientos de jóvenes y adultos, embarazan a mujeres, que abandonan después de saber que están en cinta.
Muy enraizado en la cultura nacional, está el hecho, que el hombre más conquistador es más “hombre”. Desde los albores de la sociedad criolla, hubo un gran número de madres solteras, y de hijos ilegítimos. Hasta hoy persiste esta conducta, la que traspasa las fibras de la iglesia actual.

Cada día proliferan más los movimientos por la igualdad de derechos. Los homosexuales y lesbianas, luchan por el derecho de permanecer en su pecado. En San Francisco, California, Estados Unidos. Se han realizado multitudinarias marchas de este tipo, teniendo un profundo impacto social y político.

A pesar de que el SIDA, y las múltiples enfermedades venéreas, han dado muerte a millones de personas promiscuas (y miles de inocentes), esta conducta no se detiene. Como cristianos sabemos que el pecado no se combate con campañas de prevención, ni con amenazas, ni siquiera con el temor a la muerte física. El pecado, se extirpa del corazón, mediante la predicación del evangelio, y del poder del Espíritu Santo.

Con respecto a los niños, la mejor manera de enseñarlos, es a través de la instrucción de la Palabra y del ejemplo de los mayores. Si un predicador enseña sobre la santidad sexual, y los niños lo ven coqueteando con las jóvenes de la iglesia, sus palabras perderán valor. Tanto los niños, como los jóvenes buscan formar valores, a través de modelos de conducta. “Siempre es tiempo de héroes, si no los encuentran en sus padres, en sus pastores, o en sus profesores, los buscarán en la televisión y en la calle”.

Que oportuno se hace el consejo de Pablo a su discípulo Timoteo: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” 1°Tim. 4:12.

La santidad del creyente, debe ser su carta de presentación, dondequiera que vaya. La sociedad busca decepcionada, encontrar consistencia y verdaderas respuestas a sus necesidades. Si reemplazamos la santidad, por santurronería, y el amor por legalismo, sólo estamos consiguiendo alejarlos de Dios. No podemos cambiar la sociedad apartándonos de ella, como un movimiento ascético, sino permeando la sociedad misma con un mensaje poderoso, que nosotros vivimos cotidianamente.

Existen congregaciones que lo prohiben todo. Generalmente la mayor cantidad de reglas es impuesta por hombres graves, hacia las mujeres de la iglesia. En una ocasión entré a un templo, y leí un gran letrero que decía: “Las mujeres no deben usar: aros, joyas, soleras, pintura facial ni de uñas, tampoco peinados ostentosos, ni siquiera rizos o chasquillas”. Afortunadamente no les prohibían respirar.

Cuando Pablo enseña: “Asimismo, que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia: no con peinado ostentoso, ni oro ni perlas ni vestidos costosos” 1° Ti. 2:9. Se está refiriendo a que las hermanas, no trataran de competir con la forma de vestir de las mujeres del mundo. Las mujeres romanas y griegas acostumbraban a usar enormes peinados con trenzas y cintas en su pelo. Adornaban su cabello con joyas de oro y lienzos de colores que en algunas ocasiones casi llegaban al piso.

En la ciudad griega de Corinto, existía el templo de Afrodita. Había mil sacerdotisas que practicaban la prostitución religiosa. Vestían provocativamente, con grandes escotes y mucho perfume. Dichas mujeres ostentaban de una gran popularidad entre los marineros que llegaban de diversos países, a aquel lugar. La preocupación constante de Pablo era que la usanza de las mujeres impías no fuera adoptada por las hermanas. Tampoco fue el deseo que las mujeres de la congregación, lucieran como momias. Cuando un hombre, ve a su esposa desarreglada y fea, y la compara con sus compañeras de trabajo, bien vestidas y maquilladas. No es de extrañar, que tenga pensamientos adúlteros.

“La santidad va de adentro hacia fuera. Un corazón santo, reflejará un rostro santo. Un rostro pálido, reflejará sólo un rostro pálido”.

Dios creó el sexo, como algo santo y reservado sólo para el matrimonio “Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla (pecado); pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” He. 13:4. El estado matrimonial, es tomado como ejemplo, de la relación entre Jesucristo y su iglesia. Jesús se identifica así mismo como el esposo, que viene por la novia, es decir, por la iglesia. El festejo de recibir a los santos en el cielo, después del arrebatamiento, es simbolizado por una gran fiesta de bodas.

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino. Limpio y resplandeciente (pues el lino fino significa las acciones justas de los santos). El ángel me dijo: ”Escribe: ”Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero” Ap. 19:7-9.

La santidad del matrimonio, es algo que los hijos aprenderán sólo viendo el ejemplo de sus padres. Es bueno que la pareja de creyentes adquiera información, no solamente de la experiencia, sino, también de la consejería. Existe un gran número de libros acerca del matrimonio, de la crianza de los hijos, de como superar los problemas más frecuentes, y como enfrentar los temas tabú. Los pastores: David Hormachea, Dr. Dobson, Pablo Hoff, entre otros otros, han escrito un rico material de consejería para creyentes. La educación sexual, mejorará nuestros intentos por llevar una vida íntima, más plena y santa.

Siempre que Dios quiso hacer algo importante, que trascendiera la historia ordinaria de la humanidad, se rodeó de hombres santos. Dios llamó a Elías, un hombre que vivía apartado de la corrupción de su tiempo. El profeta vivió en el desierto, rodeado de la naturaleza y alimentándose de ella. Su vida fue austera. Su vestimenta, era una túnica de piel de camello, que lo acompañó por largos años hasta ser arrebatado por Dios. Su ministerio, fue distintivo por su autoridad, por el gran número de milagros y por sus principios intransables. Elías aparece abruptamente en el escenario israelita, trastorna los tronos de la palestina, su mensaje de fuego, el que estaba lleno de la unción del Santo de Israel. Sin ver la corrupción de la muerte, es levantado al cielo en un carruaje de fuego, con caballos de fuego, y desapareció en medio de un torbellino celestial.

Juan el Bautista, el Elías del Nuevo Testamento, tan sencillo, santo y ungido como Elías. También fue fraguado en el desierto, donde se alimentó de langostas, miel silvestre y de toda palabra salida de la boca de Dios. Su breve ministerio, distinguido por un mensaje de justicia, y su recia forma de exponerlo, fue firme y consistente. Jesucristo diría más tarde “Les digo que entre los nacidos de mujeres no hay mayor profeta que Juan el Bautista...” Lc. 7:28.

Otro ejemplo de santidad, lo encontramos en el patriarca José, en especial cuando lo vemos tentado por la esposa de Potifar. Dios lo había llevado a Egipto, con el propósito de preservar la vida del pueblo escogido. Sin saberlo, José fue puesto en la escuela disciplinaria de Dios. Sorprende conocer la actitud de José en cada etapa de su vida. Jamás lo encontramos quejándose, o renegando contra Dios. La fidelidad y pureza del patriarca, se extendía a todos los aspectos de su vida cotidiana.

El primer paso para llevar a José a Egipto, fue ser vendido como esclavo por sus propios hermanos Gn. 37:27-28. Los madianitas no vendieron a José a una persona común, sino que lo entregaron a Potifar, capitán de la guardia real Gn. 37:36. Potifar, una persona de mucha influencia en Egipto, fue quien permitió a José conocer la corte del faraón. En la alta sociedad, José tuvo la oportunidad de aprender administración y diplomacia Gn. 39:3-4. Este fue el primer paso, en el aprendizaje del arte de gobernar.

La integridad de José, mantenida ante la tentación de una mujer seductora Gn. 39:7-12, contrasta notablemente con el comportamiento de su hermano Judá. Judá era hombre libre, y voluntariamente participó del pecado de adulterio en el santuario cananeo Gn.38:15-26. José, era un esclavo, que estaba muy lejos de su hogar y de su pueblo. Tenía todo el pretexto para rendirse a la tentación, mas no lo hizo. Consideró la inmoralidad, como un pecado que ofendía la dignidad de Dios, la confianza de su amo, y la pureza de su propia vida. El autor de génesis narra lo acontecido mencionando lo siguiente:

“José era de hermoso semblante y bella presencia, y aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y le dijo: Duerme conmigo. Pero él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: Mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y a puesto en mis manos todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me he reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer. ¿Cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?.

Hablaba ella a José cada día, pero él no la escuchaba para acostarse al lado de ella. Pero aconteció un día, cuando entró él en casa a hacer su oficio, que no había nadie de los de casa allí. Entonces ella lo asió por la ropa, diciendo: Duerme conmigo. Pero él, dejando su ropa en las manos de ella, huyó y salió” Gn. 39:6b-12.

Parece que Potifar, dudó de la veracidad de la acusación contra José, y se enojó porque había perdido tan excelente siervo. En lugar de darle muerte, castigo proporcional al supuesto delito, el capitán, sólo lo envió a la cárcel de palacio Gn. 39:20.

En prisión, José pudo conocer otro mundo, y forjar un carácter más fuerte Gn. 39:21-23. En ese lugar aprendió mucho de los más altos personajes encarcelados, recordemos que esta no era una prisión cualquiera. Aquí tuvo como compañeros, al copero y al panadero del rey. El pesar, el yugo llevado desde su juventud y el paso del tiempo, formaron en José un carácter templado y firme. Finalmente su estadía en la cárcel y su capacidad de interpretar sueños, lo pusieron eventualmente en contacto con el rey de Egipto.

A los treinta años de edad, y trece años en la escuela preparatoria de Dios, José estaba listo para ser llevado a su máxima dignidad. Es maravilloso ver, que José, al llegar a la cima del poder no se envanece. Su actitud, frente a las cambiantes circunstancias de la vida, no parece alterar su concepción de Dios ni su relación con él. Los comunes sentimientos de egolatría y venganza, propios de los gobernantes, no encuentran cabida en el corazón de José.

Un día Faraón soñó que estaba de pié a la orilla del río Nilo, y que del río salían siete vacas hermosas y gordas, que comían hierba entre los juncos. Detrás de ellas, siete vacas feas y flacas salieron del río. Luego las vacas flacas, se comieron a las gordas. El rey despertó por la mañana muy preocupado, y mandó llamar a los sabios y adivinos, quienes no fueron capaces de interpretar el sueño Gn. 41:1-4. Al oír el asunto, el jefe de los coperos recordó a José quien le había interpretado un sueño en la cárcel. Inmediatamente este oficial de la corte habló con Faraón el asunto, y José fue llamado a palacio Gn. 41:9 -14.

Dios le dio sabiduría a José, y le reveló la interpretación del sueño Gn. 41:25-32. Todos sabemos ahora que vendrían siete años de prosperidad y grandes cosechas, las que darían paso a otros siete años de hambruna. Faraón iluminado por esta sabiduría celestial, encomienda a José la administración de Egipto, especialmente en tomar las medidas necesarias para evitar una gran crisis nacional.

“El asunto pareció bien a faraón y a sus siervos, y dijo el faraón: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el Espíritu de Dios? Dijo el faraón a José: Después de haberte dado a conocer Dios todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú.

Dijo, además, el faraón a José: Yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. Entonces el faraón se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; lo hizo vestir de ropas de lino finísimo y puso un collar de oro en su cuello. Lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaban delante de él: “doblen la rodilla”. Así quedó José sobre toda la tierra de Egipto” Gn. 41:37- 43.

El hecho que José puso por nombre a su primer hijo “Manasés”, o “el que hace olvidar”, indica que Dios le había hecho olvidar todo el dolor de su pasado. Los largos años de ausencia de su hogar, de su padre y de sus hermanos, en una tierra tan distinta, y muchas veces hostil, no pudieron consumir a aquel que recibió el santo consuelo de Dios.

Cuando José, vio a sus diez hermanos llegar a Egipto, para comprar alimentos, los reconoce inmediatamente. José los trató con aspereza, porque quería probarlos, a ver si se habían arrepentido del crimen cometido en su contra. Él deseaba saber si habían traspasado su envidia a su Benjamín. José sabía que una reunión, sin comunión, sería una burla y un engaño para su corazón Gn. 42:7 - 8.

Los tres días en la cárcel, que pasaron los diez hebreos, les hicieron comprender a lo que habían expuesto a su hermano José Gn. 42:17 - 22. La razón de porque José encarceló a Simeón, en vez de a Rubén, fue porque este último se opuso a matar a José veinte años atrás. Infundió en ellos, el temor de que los alcanzaba el juicio divino.

Estando José, como primer ministro de faraón delante de sus hermanos, no desata odio ni venganza, sino, amor. “No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban a su lado, y clamó: ” salgan todos de mi presencia”. Así no quedó nadie con él cuando José se dio a conocer a sus hermanos.

Entonces se puso a llorar a gritos; lo oyeron los egipcios, y lo oyó también la casa del faraón. Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José. ¿Vive aún mi padre?. Sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él. Pero José les dijo Acérquense ahora a mí. Ellos se acercaron, y él les dijo: Yo soy José, vuestro hermano, el que vendisteis a los egipcios. Ahora, pues, no se entristezcan ni les pese haberme vendido, porque para salvar vidas me envió Dios delante de ustedes” Gn. 45:1-5 (traducción del autor).

La vida de José, nos aporta algunas lecciones específicas:

a) La pureza personal: Si no fuera por la vida piadosa de José, y su firme convicción en cuanto a la santidad y pureza espiritual, habría sido arrastrado por sus pasiones. Pero decidió guardar una vida pura para Dios.

b) La prosperidad financiera y el éxito en los negocios: Es posible alcanzar riquezas para el fiel siervo de Jehová, pero estas riquezas deben ser usadas para servir a Dios, y no para nuestra vanidad personal.

c) José sufrió separación, esclavitud, calumnia, encarcelamiento y olvido: Todo lo sufrió con paciencia y sin murmuración. Todo esto redundó en su formación espiritual, en forjar su carácter y en su exaltación final. Al igual que Jesús, su paso por la cruz, trajo gloria y autoridad.

d) Toda la vida de José es una ilustración de la providencia divina: Dios guió invisiblemente los pasos de José, usando aun a los hombres malvados para cumplir su propósito final. A pesar de todo, Dios nunca puso en este admirable joven más carga de la que podía llevar.

M.G. Kyle dice: “José resalta entre los patriarcas con preeminencia en algunos aspectos. Su nobleza de carácter, su pureza de corazón y vida, su grandeza en el ánimo como gobernador y hermano. Lo hace, más que cualquier otro personaje del Antiguo Testamento, una ilustración de aquel modelo de hombre que Cristo daría perfección en el mundo. No se encuentra José en la lista de las personas a quienes menciona en las Escrituras como tipos de Cristo, pero ningún otro ilustra mejor la vida y obra del Salvador. Él obtuvo salvación para los que lo traicionaron y rechazaron, se humilló, perdonó a los que le maltrataron, y a él, igual que a Jesús, todos tenían que ir en busca de socorro, o si no perecerían”.

Al recorrer las páginas de las Sagradas Escrituras. Nos encontramos con otro paladín del mensaje de arrepentimiento y santidad, tanto individual, como de todo el pueblo escogido (Israel). Este personaje es el profeta Jeremías, llamado por Jehová, en uno de los momentos históricos más críticos del reino de Judá.

La misión dada a Jeremías, de volver el corazón del reino a Dios, su verdadero Rey, no fue una tarea fácil, y muchas veces puso en riesgo su propia integridad física. Analizar el altilocuente llamado de Jeremías, nos arroja luz acerca de la importancia de su misión: “Antes que te formaras en el vientre, te conocí, y antes que nacieras te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová!. He aquí, no sé hablar, porque soy un niño.

Y me dijo Jehová: No digas Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.

No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Dios su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.

Mira que te pongo en este día, sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar” Jer. 1:5-10.

No cabe duda que la comisión profética de anunciar a la casa de Judá su pecado, demandaría toda la fortaleza de Jeremías, quien sólo podría resistir en la fuerza de Jehová.

Sistemáticamente, los reyes, sacerdotes y líderes de Judá, habían arrastrado al pueblo a la idolatría. El nombre de Baal, llegó a confundirse con Jehová, en algún oscuro momento de la historia hebrea. En los lugares altos, y en los árboles frondosos, proliferaban los cultos paganos y lascivos que contaminaron el alma de la nación. Tras reiterados llamados de atención, y una persistente rebeldía de Judá, el juicio divino se hizo inminente e irreversible. La ingrata labor del profeta fue anunciar tanto la ira de un Dios santo, como de la futura restauración del pueblo, condicionada a un honesto arrepentimiento de sus pecados, y de una búsqueda diligente de la justicia del Dios de Israel.

El Señor consuela al deprimido Jeremías, quien acosado por ardientes amenazas de muerte, siente su animo desfallecer “Me sedujo, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; Cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.

Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día.

Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.

Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza.

Más Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada” Jer. 20: 7-11

La vida del creyente, sufrirá muchos asedios, pues el enemigo anhela acallar nuestra voz. La noche se torna oscura y el viento de la adversidad arrecia, mas confiemos en nuestro Dios, que prontamente nos socorrerá, y nos fortalecerá con la fuerza de su Espíritu. “Los que confían en Dios, son como el monte de Sión, que no se mueve, sino que permanece para siempre” Sal. 125: 1.

El mensaje profético dado por Dios, resonó como un estruendo en los oídos del pueblo penitente, mas su corazón entenebrecido no vio la luz de la verdad. Dios trae demandas legítimas contra su pueblo, ciertamente nuestro Señor ama al pecador, pero no soporta el pecado “Porque dos males cometió mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no contienen agua” Jer. 2:13.

Dios demanda permanente santidad de sus hijos, pero también ofrece muchas bendiciones para los que sean fieles: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.

Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes” Jer. 15: 19-21.

El Señor Todopoderoso pide a Jeremías un absoluto convertimiento y santificación. Dios le promete al profeta que si obedece, estará de continuo en su presencia, llegará a ser un vocero oficial de Jehová – “Serás como mi boca” – Además, le promete darle fortaleza espiritual semejante a un muro de bronce. Finalmente, también ofrece a Jeremías librarlo de sus crueles enemigos.

El ejemplo de Jeremías, llamado el profeta llorón, por su sensibilidad y tristeza producida por la corrupción e idolatría de Judá, es un gran ejemplo para los cristianos de todas las épocas. Un llamado a entregar nuestras vidas, al servicio de un Dios Santo y Justo.


“Yo soy Jehová tu Dios. Ustedes, por tanto, se santificarán y serán santos, porque yo soy Santo”


El Hombre que Dios está Buscando


Resulta interesante conocer las palabras del rey David, al entregar el reino de Israel a su hijo Salomón: “Esfuérzate y sé hombre” 1° Reyes 2:2. De igual forma, Dios quiere hacernos reyes y sacerdotes de su reino, y nos exige la misma condición para conquistarlo, ser verdaderos hombres.

El rey David, reconoció la capacidad de su hijo Salomón para ser el futuro rey, además, vio la voluntad de Dios en todo esto. Salomón sólo tenía que ponerse bien los “pantalones”, poner atención a la voluntad divina y hacerla. Suena fácil, pero muchos fracasan en la última parte.

David, sabía por experiencia propia, lo que era llegar a ser un hombre de Dios. David fue seleccionado de entre ocho hermanos para gobernar 1 S.16:12-13. El profeta Samuel, viaja a Belén, a la casa de Isaí, para ungir al futuro rey de Israel. Jehová dijo al profeta que no mirara la apariencia de los candidatos, ni su estatura, porque Dios mira el corazón de las personas. Para Dios, son más importantes el carácter y la disposición, que la belleza física.

Samuel, hizo pasar frente a él a los siete muchachos, robustos y de buen aspecto, pero todos fueron rechazados por Dios. Finalmente consulta a Isaí, si queda alguien más. Tal vez, Isaí, encogiéndose de hombros respondió: “Queda aun el menor, que apacienta las ovejas”. Al llegar el joven David, Dios ordena a Samuel, diciendo: “Levántate y úngelo, porque este es”. Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en presencia de toda la familia. La Biblia menciona que a partir de ese día el Espíritu de Jehová, vino sobre David, y comenzó a capacitarlo para la obra a que lo había llamado, ser rey y pastor de Israel.

Pronto, el joven David se distingue por su valor y fe. Al visitar el campo de batalla, buscando a sus hermanos, termina venciendo al gigante Goliat. Dios se encargó de llevarlo a palacio, con el fin de tocar el arpa para el rey Saúl, quien de esta forma se aliviaba de su opresión espiritual 1° Samuel 16:23. El tiempo que estuvo David, como músico y paje de armas, contribuyeron a entrenar al joven pastor, en todo lo relacionado al manejo de una corte y de una nación. Pudo conocer lo mejor de la alta sociedad hebrea, que aunque muy sencilla por aquel entonces, distaba bastante de su roce normal con las ovejas y otros pastores.

La escuela de Dios, llevó a David por el camino de las armas, donde lo vistió de gloria. David, demostró ser un valiente de verdad, y ayudado de la mano de Jehová, su fama superó largamente a la del rey Saúl. “Aconteció que cuando volvían, después de haber matado al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel a recibir al rey Saúl cantando y danzando con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música. Mientras danzaban, las mujeres cantaban diciendo: “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles”” 1° S.18: 6-7. Sin duda, estas palabras causaron el desagrado del rey, lo que dio inicio a una persecución, que se extendió por varios años 1° Samuel capítulos 19, 21 y 24.

David, fue escogido, de detrás del rebaño, para ser rey, sin embargo, tuvo que huir de palacio, dejar a su entrañable amigo, el príncipe Jonatán 1° Samuel 20:17, 42, y ocultarse en una cueva. En la cueva de Adulam, Dios enseña a David como formar su propio ejército. Tuvo que lidiar con cuatrocientos hombres pobres e indisciplinados. Nada nos enseñará más a tratar con personas, llevar sus cargas y ayudarlos a superar sus conflictos, que viviendo entre ellos. La suavidad y protocolo de la corte, quedaron atrás, ahora le esperaba la rudeza del desierto y de hombres simples. “Partió David de allí y se refugió en la cueva de Adulam; cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, fueron allí a reunirse con él. Además, se le unieron todos los afligidos, todos los que estaban endeudados y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y llegó a ser su jefe. Había con él como cuatrocientos hombres” 1° S. 22:1-2.

Es impresionante, como el poder de liderazgo, de un muchacho de veinte años pudo manejar a tan gran número de hombres. Si contamos también las mujeres y los niños, la multitud supera las mil personas. Dios estaba con David, y le enseñó a ser el pastor de su pueblo. Por algo Dios dice: “He hallado a David, hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” Hch. 13:22.

En su peregrinación por el desierto, alrededor de seis a ocho años, David es acosado una y otra vez por el malvado rey Saúl. Sus ejércitos se topan en varias ocasiones, mas el amor y lealtad de David, impidió una matanza y la muerte del rey. La primera vez, Saúl fue advertido que David se encontraba en el desierto de En-gadi. Tomando el rey a tres mil hombres escogidos, fue a buscar al ungido de Dios. Al llegar al redil de las ovejas, donde había una cueva, Saúl entró sin percatarse que David y sus hombres estaban ocultos en su interior. David se acercó calladamente, y cortó la orilla del manto de Saúl, pero sin hacer daño alguno al rey.

Las palabras de David, en este encuentro, ponen de manifiesto su humildad. Saúl confirma el futuro reino davídico, diciendo: “¿Contra quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. Que él vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.

Aconteció que cuando David acabó de decir estas palabras a Saúl, este exclamó: ¿No es esta tu voz, David, hijo mío? Alzando su voz, Saúl rompió a llorar, y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote pagado yo con mal. Hoy me has mostrado tu bondad; pues Jehová me ha entregado en tus manos y no me has dado muerte... Ahora tengo por cierto que tú has de reinar, y que el reino de Israel se mantendrá firme y estable en tus manos” 1° S. 24.

El tiempo en el desierto fue duro y peligroso, David y los suyos tuvieron que cruzar temporalmente las fronteras de Israel, para internarse en Filistea. Fue un período de múltiples batallas, donde fueron puestos a prueba al máximo, la fuerza y la astucia, de David, quien años más tarde comandaría la totalidad de los escuadrones de Israel.

El triste episodio con la adivina de Endor (1 S.28: 3-25), relata la visión de Samuel anunciaba la proximidad de la muerte del rey Saúl y de sus hijos por mano de los filisteos, Este hecho pone de manifiesto que Saúl era un hombre incapaz de arrepentirse de corazón, indigno de ser el máximo líder del pueblo de Dios. Como era de esperar, al día siguiente, el rey Saúl, y su hijo Jonatán, son vencidos en batalla y ambos terminan muertos. Inmediatamente David es ungido rey sobre Judá. A los treinta años, su cabeza recibía su segunda unción, en el largo proceso de llegar al poder. Después de reinar siete años y medio en Hebrón, y vencer a la familia del rey Saúl, David toma el control total de la nación 2ª S. 5:1-5. A los treinta y siete años, es ungido rey sobre todo Israel, según la voluntad de Dios. Treinta y tres años gobernó David en Jerusalén, reinó cuarenta años en total 1° Reyes 2:10-11.

Existían valores diametralmente opuestos entre David y Saúl. Saúl fue un rey conforme al corazón del pueblo, David, un hombre conforme al corazón de Dios. Saúl se envaneció por su elevado sitio en la sociedad, mostrándose orgulloso e incapaz de arrepentirse de sus pecados. David, sin embargo, un hombre de corazón valiente, supo arrepentirse profundamente, cada vez que cayó en pecado. David siempre puso su confianza en su Señor, aún en los momentos más oscuros de su vida.

Es importante conocer, como Dios se toma todo el tiempo necesario para preparar a sus siervos. Tenemos muchas narraciones bíblicas de hombres puestos en la escuela de Dios, donde se prepararon largos años, para llegar a ser útiles al propósito divino. Moisés, fue preparado ochenta años, cuarenta en Egipto, y otros cuarenta en el desierto, sólo para ser usado cuarenta años más, en la liberación del pueblo escogido. Josué, estuvo al lado de Moisés, las cuatro décadas de la peregrinación, para ser luego usado en la conquista de la tierra prometida.

Cuanto más resuenan hoy las palabras davídicas, “Esfuérzate y sé hombre”, frente a miles de hombres cabizbajos que viven una vida crucificada, pero no como resucitados y ascendidos a una vida gloriosa, en la que somos más que vencedores con Jesús “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” Ro. 8:37.

La iglesia, y el mundo, necesitan hombres de Dios, en una sociedad donde a lo malo, se llama bueno; y a lo bueno, se llama malo. Pablo señala a Timoteo acertadamente, diciendo: “También debes saber que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanidosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, sin templanza, crueles, enemigos de lo bueno, traidores, impetuosos, engreídos, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella. A esos, evítalos... pero no irán más adelante, porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquellos.

Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe entereza, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquia, en Icono, en Listra; persecuciones he sufrido, pero de todas me ha librado el Señor. Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; pero los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” 2° Ti.3: 1-5; 10-13.

Atrevámonos a conquistar el mundo, llevando siempre la gloria y majestad del reino de los cielos, a cada corazón necesitado. Destruyendo las ligaduras del diablo con el poder de la Palabra y del Espíritu Santo “Por que las armas de nuestra milicia no son terrenales, sino, poderosas en Dios, para destrucción de fortalezas” 2 Co. 10:4.

Cuando Adán pierde la comunión por su desobediencia, también pierde su autoridad sobre la creación, el temor inunda su vida, y hasta los animales le son adversos. La preciosa herencia que fue hecha para el hombre, fue mañosamente arrebatada por el Adversario, quien se pavonea hoy como dios de este siglo, con una herencia robada.

Gracias a nuestro Padre Celestial, que envió al segundo Adán, es decir, Jesús el Dios-Hombre. Exento del pecado de la raza humana. Quien reconquistó la autoridad, la comunión con el Creador y ganó una herencia eterna y gloriosa, a través de la más increíble victoria de Cristo en la cruz.

Tenemos claro que el propósito divino, era que el hombre fuera el “señor terrenal” de la creación, y esto fue así, mientras estuvo en obediencia al “Señor Celestial” de la creación. La obediencia es la única forma que Dios estableció para protegernos y prosperarnos, sin obediencia la protección y prosperidad se esfuman. Repito, la obediencia es la única forma que Dios tiene para protegernos, desobedecer es morir.

Jesús, nuestro Maestro, que con sus palabras y hechos nos trazó un camino más excelente de salvación, nos liberó del poder de la muerte, de toda maldición de pecado. Jesús despojó públicamente en la cruz, a quien tenía el imperio de la muerte, es decir, a Satanás, y nos dio vida abundante He. 2:14. Dios busca creyentes, que no teman dar su vida por la expansión del evangelio. Un pueblo que no trance sus altos valores, con la mundanalidad y el pecado. Que alce su voz como trompeta y proclame que Dios ama al pecador, pero aborrece el pecado. “Y me serán testigos activos hasta la muerte, cuando sean empapados con poder” Hch. 1: 8 (traducción libre).

Dios busca hombres, que enciendan los púlpitos y las calles, con el poder del Espíritu Santo. Dando vista a los ciegos, agua al sediento, pan al hambriento, rompiendo las ligaduras de impiedad. Anunciando el evangelio a los pobres de la tierra.

Dios busca hombres sencillos, comunes y corrientes, pero dispuestos a ser modelados por él. Hombres que no teman al rugir de la batalla espiritual, y que puedan decir “heme aquí, envíame a mí Señor”. Los hombres incondicionales a Dios, que abracen la fe y tomen la autoridad delegada a los creyentes, serán los que dirijan los destinos de la iglesia del presente. Serán los que embaracen al pueblo de Dios de la sana doctrina, y de una visión profética para los últimos tiempos.

Ser el hombre que Dios quiere no es fácil, requiere del esfuerzo sostenido de toda nuestra vida, pero a la vez recibe la permanente ayuda del Espíritu Santo. Quien nos capacita para la magnífica obra que el Rey nos encomendó: “salvar al mundo por la locura de la predicación” 1ª Co. 1: 21. Dios pronuncia esas palabras inmortales al joven Josué, diciendo: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que prosperes en todas las cosas que emprendas” Josué 1:6-7. Esta hermosa comisión es válida para todo cristiano que desee ser útil en las manos de Dios.

Me impresiona, la vida de un verdadero hombre de Dios, llamado Policarpo. La fe inquebrantable de los cristianos durante los primeros siglos de la iglesia cristiana, resaltaba como ejemplo refulgente ante el mundo hostil. Policarpo, era una figura venerable, que formaba el último eslabón que lo unía a los que habían visto a Jesucristo en la carne, pues él había aprendido a los pies del apóstol Juan.

Durante unos cincuenta años, Policarpo ejerció una poderosa influencia en su dignidad de obispo. Sin embargo, según las palabras de Elliot Wrigth: “Él fue el más amable de todos los hombres... un modelo de humildad” No fue de la época de los primeros apóstoles, y a pesar de su relación con Juan, nunca se igualó con ese apóstol, como se hace evidente en su propia epístola: “Escribo estas cosas, hermanos, no con arrogancia, sino porque ustedes me las pidieron. Pues, ni yo, ni ningún otro como yo, puede alcanzar la sabiduría del bendito Pablo, quien estuvo entre ustedes, y enseñó con firmeza la palabra de verdad”.

Su ministerio contra el paganismo tuvo tanto poder que se le denunciaba por todo el Asia como el “ateo”, “el maestro de Asia, el destructor de nuestros dioses”. A los paganos o gentiles, les parecía que él estaba glorificando a un hombre muerto, y sus emocionados sermones sobre las enseñanzas y milagros de Cristo, les molestaba de forma especial.

En el año 156 D.C., comenzó la persecución al cristianismo en la provincia de Asia Menor. Así fue registrado en una carta de la iglesia de Esmirna. Las autoridades civiles, por razones no muy claras, decidieron matar a los cristianos. De inmediato se temió que Policarpo fuese perseguido, y los creyentes de la localidad insistieron en que él se refugiara en un lugar secreto. Su período de reclusión fue breve. Después de torturar a un sirviente, los soldados averiguaron su escondite y lo hallaron en una pila de heno.

Se supo que la ejecución no era lo que querían las autoridades. Policarpo, tenía ya ochenta y seis años de edad, y ¿Qué podían ganar con su muerte?. Lo que las autoridades querían en realidad. Era que negara su fe. ¡Qué gran victoria significaría para el paganismo!, propinando así, un fuerte golpe a la “secta de Jesucristo”. Los oficiales le insistían después de apresarle: “¿Por qué, que daño hay en decir “Cesar es el Señor”, ofrecerle incienso y salvar así la vida?” El procónsul le rogaba: “Considere la edad que usted tiene, y jure por la divinidad de Cesar; arrepiéntase y diga: ”Fuera con los ateos”... Abjure y lo dejaremos marchar”.

Policarpo, con su rostro decidido, miró a la multitud que estaba en el estadio e hizo una señal de despedida con su mano. Mientras daba un suspiro, levantó sus ojos al cielo, dijo en alta voz: “¡Fuera con los impíos!”. El gobernador continuaba insistiendo: ”Abjure y lo dejo ir; reniegue de Cristo”. A lo que Policarpo contesta: Durante ochenta y seis años he sido siervo de Jesucristo, y él nunca me trató mal; ¿Cómo puedo blasfemar de mi Rey, que me salvó?”. “Yo tengo bestias salvajes_ dijo el procónsul_ Si no le importan las fieras, lo haré destruir con fuego”. El anciano obispo, le respondió: “El fuego con que me amenazas, quema por poco tiempo y luego se apaga; hay un fuego que no conoces, el fuego del juicio venidero y del castigo eterno, el fuego que está reservado a los impíos, y que nunca se apagará”.

El procónsul estaba asombrado y envió al pregonero a que desde el centro del estadio gritara tres veces: “Policarpo ha confesado que es cristiano”... Entonces de todas las gargantas salió el grito de que Policarpo fuera quemado vivo. La multitud se apuró en recoger troncos y madera, y pronto la pira estuvo lista. Policarpo oró... Cuando él dijo “amén” al completar la oración, los ejecutores encendieron el fuego, y se levantó una gran llamarada.

La muerte de Policarpo, puso fin al brote de persecución en Asia, y preparó el camino de los que no tenían tanto valor como él, para que confesaran abiertamente su fe en Jesucristo. Tal vez, en nuestro tiempo, salvo en el mundo musulmán, el riesgo de convertirse en mártir por Cristo, no es tan frecuente. Sin embargo, cuanta falta nos hace tener una voluntad dispuesta, y un espíritu resuelto a darnos por entero al Salvador. Jesucristo, jamás hizo algo a medias, predicó apasionadamente, oró cada día con intensidad, amó hasta el límite, y dio su vida por la humanidad. Dios no espera mucho menos de sus hijos. Él no pide mucho, lo pide todo.

Otro hombre de Dios, que llama mucho mi atención, es Guillermo Carey, llamado el “padre de las misiones modernas”. Guillermo, nació en Inglaterra, y su oficio original, era el ser zapatero. Su vida fue un maravilloso ejemplo para la iglesia, para llevar a Cristo al mundo perdido.

Guillermo, pasó pruebas muy duras, durante sus cuarenta años como misionero. Demostró una firme determinación por conseguir el éxito en todas sus empresas. Guillermo Carey, nació en 1761, cerca de Northamton, Inglaterra. Su padre era tejedor y trabajaba en su casa. Aunque la pobreza era algo generalizado en aquel lugar, la vida de la familia Carey, era sencilla y sin complicaciones. En su juventud recibió a Jesucristo como su Salvador, y dedicó su tiempo libre al estudio de la Palabra.

A pesar de la difícil situación económica, Carey no dejó de estudiar ni de predicar. En 1785, inicia su ministerio, como pastor de una pequeña iglesia bautista. Luego fue trasladado a otra más grande en Leicester. Pronto se dio cuenta que las misiones era la responsabilidad central de la iglesia. Sus ideas eran revolucionarias, aunque los clérigos del siglo dieciocho, creían que la Gran Comisión era solamente para los apóstoles.

Cuando Guillermo Carey, presentó sus ideas misioneras a un grupo de pastores, tuvo la siguiente respuesta: “Siéntese joven, Cuando Dios quiera convertir a los gentiles, Él lo hará sin su ayuda ni la mía”. Afortunadamente, Carey no se calló, sino, que con más ímpetu continuó su aventura misionera. En 1792, publicó un libro de ochenta y siete páginas, el cual fue comparado a la noventa y cinco tesis de Martín Lutero, por su influencia en la historia de la iglesia.

Carey, habló a un grupo de pastores en una conferencia bautista en Nottingham, diciendo: “Esperen grandes cosas de Dios; intenten grandes cosas para Dios”. Así nació la Sociedad Misionera Bautista. En 1793, Guillermo Carey, su esposa y sus hijos, partieron rumbo a la india, con el firme propósito de evangelizar esta difícil nación. Allí, se establecieron en el interior de la India, para no tener conflicto con otra obra misionera llamada “La compañía del Este de la India”. De pronto se encontraron rodeados de pantanos plagados de paludismo, los Carey sufrieron circunstancias terribles. Su esposa, Dorotea, y sus hijos mayores enfermaron de gravedad, lo que retrasó la obra misionera. Tiempo después, los Carey, se trasladaron a Malda, a unos 480 kilómetros al norte, donde pudo conseguir trabajo como capataz de una fábrica.

Guillermo, pasaba muchas horas en la traducción de la Biblia, y también predicaba y establecía escuelas. En 1795, se estableció una iglesia Bautista en Malda. A las reuniones asistían a escuchar cientos de bengalíes, y Carey afirmó, diciendo: “El nombre de Jesucristo ya no es un desconocido en este vecindario”.

Los Carey, se trasladaron en el 1800, a Serampore. Ciudad que se transformó rápidamente en el centro de la actividad misionera bautista en la india. El gran éxito de la misión en Serampore durante los primeros años se debió a la santidad de Guillermo. Su buena disposición para sacrificar los bienes materiales, y hacer más de lo que era su deber hacia los demás.

Serampore, fue un ejemplo de cooperación misionera. Se organizaron escuelas, se instaló una imprenta, se hicieron traducciones de toda la Biblia. Carey hizo traducciones en bengalí, sánscrito y marati. Uno de sus mayores logros fue la fundación de la Universidad de Serampore, para el entrenamiento de evangelistas y fundadores de iglesias locales.

En la época actual, pese al gran crecimiento de las misiones, se hace más necesario que nunca, un renacer del fuego misionero transcultural. Europa, que antes envió ministros por todo el mundo, hoy vive un decaimiento espiritual profundo, debido a la apostasía, el modernismo y los postulados liberales que experimenta hace algunas de décadas. Es preciso que la iglesia centro y suramericana, devuelva la mano a sus pares europeos.

En los Estados Unidos, se originó un movimiento interdenominacional, de alcance internacional, llamado “The promise keepers” (los que guardan o mantienen promesas). Este movimiento promueve un mayor compromiso de parte de los creyentes hacia Dios, manteniendo promesas de fidelidad, santidad y justicia. Estas promesas o compromisos, que se detallan más adelante, aportan un rico material de inspiración y desarrollo para el creyente actual.

Los siete compromisos, que un verdadero hombre de Dios debe cumplir:

a) Honrar a Cristo, a través de: la adoración, la oración, y la obediencia a la Palabra de Dios.
b) Establecer relaciones vitales, con hombres bíblicos.
c) Practicar la pureza espiritual, moral, sexual y ética.
d) Edificar familias fuertes, a través del amor, protección y valores bíblicos.
e) Apoyar la misión de la iglesia, orando por el pastor, y entregando su tiempo y recursos.
f) Mirar más allá de cualquier barrera racial y denominacional.
g) Influir al mundo, amando a Dios y al prójimo, y llevando el evangelio por todo el mundo.
El Señor bendiga a esta maravillosa agrupación de santos. Al igual que ellos, animémonos a rendir toda nuestra vida a Dios, como un holocausto, santo e incondicional, para aquel que nos ama hasta la eternidad.

Dios está esperando que tomes hoy la decisión de poner tu vida bajo su señorío, permitiendo que sea él quien tome el control de cada área de tu vida, y de cada día de tu existencia. Ya seas valiente como David, sabio como Salomón, de gran liderazgo como Moisés, piadoso como Policarpo; visionario como Guillermo Carey, o simplemente un hombre común y corriente, puedes poner hoy tu vida al servicio del Dios vivo y lograr ser un vaso sobre el cual el Señor derrame su gloria.

“He hallado a David, hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero”.

jueves, 23 de octubre de 2008

El líder y su Vida Devocional


El Secreto de Jehová.

¿Puede una iglesia crecer, hasta convertirse en un milagro que conmocione al país? La respuesta es Sí. ¿Es posible que podamos experimentar un avivamiento como nunca antes se haya experimentado? Por supuesto que Sí.

Estoy convencido que el avivamiento, es producto tanto de la gracia de Dios, como de líderes consagrados y fervorosos en la oración. Lucas señala que antes que surgiera la iglesia como tal, los discípulos estaban orando, cantando y teniendo un maravilloso tiempo devocional con el Señor. Hechos 2:1-4.

Jesucristo personalmente dijo: “Pero recibirán poder, cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo, y me serán testigos...” Hechos 1:8. La adoración aproxima al Espíritu Santo a nosotros, y el Espíritu Santo trae el poder y la gloria divina, la cual se derrama sobre los creyentes transformando sus vidas.

La iglesia del presente siglo, necesita de líderes ungidos, libres de egoísmo, y capaces de soñar. Siervos rendidos completamente a la voluntad de Dios. Creyentes que hayan expulsado el temor de su corazón. Que abracen la fe y la oración con pasión.

Cuando los Apóstoles eligieron algunos Diáconos para servir a las mesas, los requisitos fueron impresionantes: “Busquen, pues, hermanos, de entre ustedes a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos este trabajo.

Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo” Hechos 6:3,8.
Hoy cuando la iglesia atraviesa por un período de frialdad y desunión, es imprescindible contar con líderes que enciendan el altar espiritual de la grey. Cristianos ungidos que logren aunar los esfuerzos evangelísticos y misioneros de la iglesia. Tanto diáconos, pastores y líderes en general debemos estar férreamente vinculados a Dios, a través de la vida devocional.


Al ser llenos del Espíritu Santo, podemos hacer realidad la esperanza que palpita en cientos de miles de cristianos. Es decir, ver a la iglesia levantarse como un poderoso ejército, que impacta todas las esferas de la sociedad con el mayor avivamiento que se haya conocido jamás. “El que hace a los vientos sus mensajeros, y a las flamas de fuego sus ministros” Salmo 104:4.

Pienso que el Señor Todopoderoso, quiere levantar líderes santos, cuyos ministerios alcancen su ciudad local, su país, y el mundo entero. Dios desea capacitar líderes que cambien la historia de su iglesia y de su nación, con los principios cristianos. Tenemos el impostergable compromiso de orar a Jesús por que cada líder se transforme en un “ministro ungido”, y con nuestra conducta demos gloria, a aquel quien nos llamó a llenar la tierra del conocimiento de su Palabra y de la gloria de Dios.

Para comprender mejor este tema, analicemos algunas preguntas.

1) ¿Qué es la vida devocional?

Cuando la oración, la alabanza, la adoración, y el temor reverente, forman parte diaria e indispensable en nosotros, estamos teniendo una vida devocional. La vida devocional es el alimento del espíritu, una plataforma donde en verdad conocemos a Dios y experimentamos su gloria. Nuestras vidas pueden trasformarse en un altar de fuego, donde more el Espíritu de Dios. “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen” Salmo 25:14

A través del libro de los Hechos, conocemos el episodio ocurrido en la ciudad de Filipos. Pablo y Silas habían tenido un encuentro con una mujer adivina, la que anunciaba públicamente que dichos misioneros eran servidores del Dios Altísimo Hch 16:16-31. Pablo, molesto por esta situación, expulsa al espíritu de adivinación en el nombre de Jesús. Al salir el demonio de la joven, los dueños que vieron perdida la fuente de sus ingresos, denunciaron a estos predicadores con las autoridades locales. Finalmente los siervos del Señor fueron echados en la cárcel.

Lo más impresionante del relato, es que los misioneros, tras ser azotados y puestos en el cepo, comenzaron a cantar a Dios. A pesar de haber sido injustamente flagelados y encerrados en una oscura cárcel, Pablo y Silas tuvieron ánimo para ministrar al Señor. El viejo edificio se llenó de adoración y alabanza, este clima devocional impactó permanentemente las vidas de los demás reclusos. La Biblia señala que mientras cantaban, se desató un poderoso terremoto que sacude los muros de la prisión. Por un acto de soberanía y gloria divina, las puertas de las celdas se abren, al igual que los grilletes y el cepo que sujetaba a los discípulos.

Frente a este cuadro impresionante, el carcelero piensa que todos los reclusos habían escapado. No existe ninguna explicación normal para lo acontecido, excepto que Dios obró en sus corazones como respuesta a la adoración de sus siervos. Cabe pensar que Dios transformó una vez más las caóticas condiciones reinantes, para transformar las circunstancias en un evento salvífico. Gloria a Dios por su gracia sin fin, y por los miles de creyentes que en todo el mundo han abandonado la queja y el pesimismo, y han aprendido a ministrar el corazón de Dios en cualquier situación.

La historia concluye con la conversión y bautismo masivos. Lucas narra lo siguiente: “El carcelero pidió luz, y entró corriendo y temblando de miedo. Se arrodilló a los pies de Pablo y Silas, y tras sacarlos del lugar les preguntó: ¿qué debo hacer para ser salvo? Pablo responde diciendo: Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y toda tu familia. Entonces le hablaron el mensaje de salvación a él y a todos los que estaban en su casa. En esa misma noche el carcelero les lavó las heridas, y luego él y toda su familia fueron bautizados” Hechos 16:29-33 (traducción del autor).

2) ¿Por qué es importante tener una vida devocional?

Porque a través de ella, tenemos un mejor contacto con Dios, y una mayor comunión con el Espíritu Santo. La vida devocional nos permite crecer espiritualmente, y nos hace más sensibles a la dirección divina. La gloria de Dios y los milagros, se suceden naturalmente cuando cultivamos nuestra devoción al Señor.

Los profetas del Antiguo Testamento, pasaban gran parte de sus vidas teniendo un profundo encuentro con Dios. Fue en la intimidad de la oración y adoración, que Jehová les reveló grandes profecías. Estos mensajes que rigieron los destinos del pueblo de Israel, y de otras naciones del ayer, aun repercuten en la actualidad.

Jeremías hace mención de esto, con las siguientes palabras: “Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su Palabra? ¿Quién estuvo atento a su Palabra, y la oyó? Jer 23:18.

La Biblia, registra un episodio glorioso cuando Moisés se apartaba para orar. Moisés se dirigía al Tabernáculo de reunión para hablar con Dios. Todo el pueblo adoraba al Señor a la entrada de su tienda. Ex. 33:9. Cuándo esto sucedía, una nube descendía a la entrada del Tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés.

El libro de Exodo, nos indica que Moisés hablaba cara a cara con Dios Ex. 33:11. El caudillo de Israel recibía instrucciones divinas de primera mano, esto permitió conducir al pueblo hasta la tierra prometida. Moisés, en medio de este precioso tiempo devocional y de instrucción profética, toma el valor para pedir a Dios una experiencia mayor. “Moisés dice a Jehová, te ruego que me muestres tu gloria. Y Dios le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová ante ti; y tendré misericordia de aquel que tenga misericordia... y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; más no se verá mi rostro” Ex. 33: 18-19ª, 21-22 (traducción del autor).

Si Moisés no hubiera cultivado la vida devocional, nunca habría llegado a ser el caudillo y líder espiritual de Israel. Las instrucciones y profecías recibidas en el “Secreto de Jehová”, permitieron afirman una raza débil e idolátrica, y transformarla en la cuna del Judaísmo, del Cristianismo, y del Mesías prometido.

3) ¿Cuáles son los objetivos de la vida devocional?

Dios, posee objetivos claros, de igual forma la vida devocional tiene sus objetivos específicos. Algunos de estos son:

· Alcanzar una profunda relación con Dios.
· Identificar el llamado ministerial o de servicio, que Dios nos asignó.
· Recibir la visión y el poder para desarrollar nuestro llamado ministerial.
· Cultivar la santidad y compañerismo con Dios.
· Aumentar nuestra autoridad espiritual.

“Someteos, pues, a Dios; resistan al diablo, y huirá de vosotros” Stg. 4:7.

4) ¿Cuáles son los elementos específicos de una vida devocional, y su significado?.

· La oración:
La oración es el contacto verbal, mental o espiritual, con el que entablamos comunicación con Dios. Existen varios tipos o etapas de la oración:

· Oración de Intercesión
· Oración de arrepentimiento, o del pecador
· Oración de adoración
· Oración de petición
· Oración de Guerra espiritual

En la Biblia podemos ver hermosos resultados de la oración. Dios está dispuesto a responder una oración honesta y llena de fe. “Por tanto, les digo que todo lo que pidan orando, crean que lo recibirán, y les vendrá” Marcos 11:24.

Los apóstoles Pedro y Juan, subían al templo a orar, se encontraron con un hombre cojo de nacimiento. Este mendigo extendía su mano esperando de los discípulos alguna moneda. Pedro acercándose le dice: “Míranos, no tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” Hch. 3:3-15. Al instante fueron afirmados sus pies y tobillos, Dios lo sanó completamente. Con mucha alegría, el hombre comenzó a saltar y a alabar a Jehová.

Acontecido este milagro, se agolpó la gente en aquel lugar. De inmediato, los discípulos comenzaron a predicar las buenas nuevas de salvación, por lo que muchos oyentes creyeron en Jesús “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; y vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado” Hch. 3:19-20.

Mientras anunciaban el evangelio con estas palabras, llegaron a aquel lugar los sacerdotes. Además, concurrieron al templo, los Saduceos, y el jefe de la guardia del templo. En medio de un gran alboroto, los apóstoles fueron arrestados y llevados a la cárcel hasta el siguiente día. La razón por la cual fueron apresados los discípulos fue por predicar abiertamente a Cristo, anunciando que Jesús no sólo había muerto en la cruz por nuestros pecados, sino, que había resucitado al tercer día, y estaba en gloria y majestad a la diestra del Padre.

Tras realizar un severo interrogatorio, los sacerdotes judíos amenazaron de muerte a los dos apóstoles y luego los dejaron en libertad. Más tarde cuando los discípulos se reunieron con el resto de la iglesia, les narraron lo acontecido, por lo cual decidieron orar resueltamente de la siguiente manera: “Y ahora Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablemos tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios, mediante el nombre de tu Santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la Palabra de Dios” Hch. 4:29-31.

Que gloriosa respuesta a la oración. Dios, con su oído atento espera que los discípulos de hoy le busquemos con la misma fe y solicitud. De cierto el poder divino no se hará esperar, si por medio de la oración buscamos la respuesta, que sólo de Dios puede venir. Es sin duda la oración, uno de los elementos más poderosos en la vida devocional de la Iglesia de todos los tiempos.

· Adoración:
La adoración, es la acción de cantar u orar al Señor, exaltando lo que Dios “es”. Es decir, proclamar sus atributos de Soberanía, Santidad, Omnipotencia, Omnisciencia y Omnipresencia.

“Adoren a Jehová en la hermosura de la santidad, teman delante de él toda la tierra” Salmo 96:9.

Dios busca adoradores, que deseen entrar en las profundidades de su presencia. La personalidad divina, es maravillosa; su clemencia, su gran paciencia con el pecador y su santidad absoluta. Además, debemos pensar que Dios Padre fue capaz de despojarse de su Hijo Jesucristo, también está dispuesto a compartir con nosotros su presencia y espíritu.

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren” Juan 4:23-24.

· Alabanza:
La alabanza es proclamar, normalmente a través del canto, los hechos prodigiosos y cotidianos que Dios “hace”. Exaltar la gloria de nuestro Salvador, destacando su gracia y poder. “Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza, y su grandeza es inescrutable” Salmo 145:3.

El apóstol Juan registra el memorable cántico de Moisés, con las siguientes palabras: “Grande y maravillosas son tus obras, Señor, Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? Pues sólo tú eres Santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado” Apoc. 15:3-4.

Ciertamente es y será el privilegio de los santos de todos los tiempos, alabar al único Dios, nuestro Salvador. Esta actividad de culto, trasciende la esfera terrenal, pues los ángeles en el cielo también adoran a Dios. En la eternidad, la iglesia del Señor, cantará y adorará al Cordero por los siglos de los siglos. Juan pone de manifiesto la adoración de los veinticuatro ancianos en el cielo, con las siguientes palabras: “Cada vez que esos seres vivientes dan gloria y honor y gracias al que está sentado en el trono, al que vive por todos los siglos, los veinticuatro ancianos se arrodillan ante él y lo adoran, y arrojando sus coronas delante del trono, dicen: Tú eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado todas las cosas; por tu voluntad existen y han sido creadas” Apoc. 4:9-11.

· Lectura de las Sagradas Escrituras:

La lectura de la Biblia no ayuda a formar el carácter cristiano, y nos otorga el conocimiento oficial de la Trinidad, y de las doctrinas fundamentales, tales como: Salvación, pecado, cielo, infierno, redención, etc. Jesucristo nos enseña con estas palabras: “Escudriñen las Escrituras, porque a ustedes les parece que en ellas tienen la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí Jn. 5:39 (traducción del autor).

Pablo, da testimonio a Timoteo acerca de La Biblia, diciendo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir para instruir en justicia A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” 2 Timoteo 3:16-17. Jamás es tiempo perdido, el invertido en el estudio de la Palabra de Dios. La revelación escrita que el Señor nos dio, es como una luz en nuestro caminar diario. Dar a conocer al verdadero Salvador, y su plan de salvación, es el propósito principal de la Biblia. Dios se autorrevela al hombre, debido a que ésta es la única forma en que le podamos conocer. El mensaje de la Biblia, con sus consejos y promesas, nos darán aliento y valor en la vida cristiana.

Las doctrinas bíblicas, más las cientos de promesas en ella contenidas, son un rico nutriente para nuestra vida espiritual. Cada promesa, es como un ladrillo que nos permite construir un sólido edificio, cimentado en Dios mismo.

La Biblia, en sus sesenta y seis libros, es el infalible mensaje divino para la salvación del hombre. A lo largo de aproximadamente mil quinientos años se acuñó este legado doctrinal, que ha forjado el carácter de millones de personas. Las Sagradas Escrituras nos permiten ser libres del pecado, y reencontrarnos con nuestro Creador.

En sus páginas están contenidos los eventos espirituales más trascendentales, es decir: La Creación del Mundo y del hombre, también la gloria y caída de la primera pareja humana. Además, se indica la dispersión de la humanidad en Babel, el diluvio, el pacto abrahámico, la formación del pueblo escogido y su larga historia hasta el nacimiento del Mesías prometido, Jesucristo. También la Biblia narra episodios importantes de la vida de los apóstoles, y de la iglesia primitiva. Contiene profecías escatológicas, es decir, para los últimos tiempos. En estas profecías, se nos cuenta acerca de la Gran Tribulación, la batalla de Armagedón, la segunda venida de Jesucristo (parusía); la última guerra mundial en Gog y Magog, el Juicio del gran Trono Blanco, el destino eterno de las almas en el lago de fuego, para los perdidos, y el nuevo cielo y nueva tierra, para los redimidos por Jesús.

No incluir a nuestra vida devocional, el estudio serio de la Palabra de Dios, es perder la oportunidad de conocer y participar del plan histórico que Dios trazó para la Iglesia y la humanidad.

5) Resultados de abandonar la vida espiritual:

El abandono de la vida espiritual, suele ser habitual al correr de los años. Cuando el creyente está en el primer amor, pasar tiempo con Dios es una actividad recurrente y muy grata. Pasar horas pensando en nuestro amado espiritual, y deleitarnos en su presencia parece serlo todo. Lamentablemente, debido al activismo secular o religioso, se suele dejar de lado el tiempo devocional. Pedir a Dios, lanzarnos en proyectos de fe, y luchar contra nuestras pasiones, pueden envolvernos de tal forma que aparten nuestra atención de buscar la intimidad con el Señor.

Un análisis del mensaje de Jesucristo a la iglesia de Éfeso, revela el siguiente diagnóstico:

“Yo sé todo lo que haces; conozco tu duro trabajo y constancia, y sé que no puedes soportar a los malos. También sé que has puesto a prueba a los que se dicen ser apóstoles y no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Has sido constante, y has sufrido mucho por mi causa, sin cansarte. Pero tengo una cosa contra ti: Ya no tienes el mismo amor del principio” Apoc. 2:2-4 (versión Dios Habla Hoy).

Con el propósito de prevenir este mal, conozcamos algunos resultados de abandonar la vida devocional.

· Deterioro en la relación personal con Dios.
· Pérdida de la visión espiritual y de los objetivos fundamentales del Ministerio o liderazgo.
· Debilitamiento gradual de la unción o gracia espiritual
· Vulnera nuestra santidad personal, y nos deja propensos al pecado.
· Disminuye nuestra autoridad frente al reino de las tinieblas.
· Rompe la comunión con el Espíritu Santo.

El salmista David clama a Dios rogando: “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente” Salmo 51:11-12.

Podemos concluir que la vida devocional, es muy importante en cada creyente, y se hace vital en un líder. Dios, simplemente no puede usar a un líder que descuide este aspecto de su vida. La carencia de una sincera y permanente vida espiritual, ha transformado a muchos líderes, ministros y organismos eclesiásticos, en verdaderos cementerios espirituales. Nunca debemos dejar que nuestros recursos, experiencia o posición piramidal en la estructura de la iglesia, reemplace nuestra devoción a Dios. Por el contrario, una adecuada, y tal vez ardiente vida espiritual, dejarán ver sus gloriosos resultados, tanto personales, familiares como ministeriales. La bendición llegará aún a nuestra ciudad local y más allá.

La Biblia nos cuenta de un piadoso rey, de nombre Ezequías, quien no solo reconstruyó el Templo de Jerusalén, sino que también, restauró la alabanza y adoración en los cultos. Ezequías mandó avisar a todo Israel y Judá, para invitarlos a celebrar la fiesta de la “pascua”. Así pues, una gran multitud de hebreos se reunieron en Jerusalén para celebrar esta santa convocatoria. Los sacerdotes y levitas comenzaron paulatinamente a consagrarse a Jehová, y a purificar sus vidas mediante la oración y ofrendas por sus pecados. Fue tanta la alegría y favor del Señor que el libro de Crónicas registra lo siguiente:

“Ezequías oró por ellos, diciendo: Señor bondadoso, perdona a todos los de corazón sincero que te buscan a ti, Oh Señor, Dios de sus antepasados, aunque no se hayan purificado como requiere la santidad del Templo. Y el Señor atendió la petición de Ezequías y perdonó al pueblo. Así que durante siete días, los israelitas que se encontraban en Jerusalén celebraron con mucha alegría la fiesta de los panes sin levadura. Y los sacerdotes y levitas estuvieron alabando diariamente al Señor con imponentes instrumentos de música sagrada. Ezequías felicitó a todos los levitas que habían demostrado buena disposición para el servicio del Señor. Y después de haber participado de la comida de la fiesta durante siete días, de haber ofrecido sacrificios de reconciliación y de haber alabado al Señor, Dios de sus antepasados. Toda la comunidad decidió prolongar la fiesta por otros siete días, lo que hicieron muy contentos; porque Ezequías, rey de Judá, regaló a la comunidad mil becerros y siete mil ovejas, y por su parte las autoridades regalaron al pueblo mil becerros y diez mil ovejas. Muchos sacerdotes se purificaron.

Hubo, pues, mucha alegría en Jerusalén, porque desde los tiempos de Salomón, hijo de David y rey de Israel, no había ocurrido nada semejante en Jerusalén. Después los sacerdotes y levitas, de pie, bendijeron al pueblo; y el Señor les escuchó, y su oración llegó al cielo, el lugar donde el Dios Santo reside”. 2 Cr. 30: 18b-24, 26-27 versión popular.

Al continuar leyendo la narración bíblica, nos podemos dar cuenta que la purificación del templo y de sus sacerdotes, más la celebración de la pascua, trajeron un avivamiento espiritual y moral a Israel. También, el incremento de la vida devocional, produjo temor reverente en el pueblo, con la normal consecuencia de la santificación, fruto que atrae el favor de Dios.

Dios libró a Judá de la invasión de Senaquerib, poderoso rey de Asiria, y prolongó en quince años más la vida del piadoso rey Ezequías. El cronista señala el reinado de Ezequías, con las siguientes palabras: “Ezequías gozó de grandes riquezas y honores, y llegó a acumular grandes cantidades de plata, oro, piedras preciosas, perfumes, escudos, y toda clase de objetos valiosos. Construyó también almacenes para guardar los cereales, el vino y el aceite, y establos para toda clase de ganado, y rediles para los rebaños. Además, hizo construir ciudades, y tuvo mucha ganado mayor y menor, pues Dios le concedió muchísimos bienes” 2 Cr.32: 27-29 (Versión popular).

Oro a Dios, para que hoy levante líderes que conduzcan a la Iglesia a la adoración y santificación. Como un gran ejército, necesitamos que el Señor nos dirija usando generales conforme a su corazón. Hombres fuertes y decididos, que pastoreen con santidad y amor a las ovejas de la casa de Dios.

Alabo al Señor Dios Todopoderoso, por todos aquellos pobres de espíritu, que reconociendo sus limitaciones, no cesan de buscar la gracia y el socorro del Cielo cada día en profunda adoración. “Gracias Señor Jesús, por permitirnos tener una vida devocional”.

Finanzas a la Manera de Dios


El anciano apóstol Juan, nos comparte el anhelo de su corazón, diciendo: “Amado, yo deseo que tu seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” 3° Jn. 1:2. Estas son las sabias palabras de aquel que conocía bien el corazón generoso de Dios.

Jamás fue el deseo de Dios, que el hombre anduviera por la vida cabizbajo, hambriento y cargado por las deudas. Dios está interesado en que sus hijos sean prosperados en toda área de su vida. La pobreza nunca glorifica al Señor. Hay cristianos que predican: ”soy hijo del rey”, pero viven muy pobres. El mundo los ve y comenta: “¿Por qué si tienen un Padre tan rico, viven tan miserables?” La inconsistencia entre nuestras palabras de gloria, y una existencia pobre, sólo muestra a los inconversos un Dios egoísta, que teniendo todo, no socorre con generosidad a sus hijos.

Pienso que el cristiano, puede pasar algún período de su vida pobre, ya sea por nacer en una familia de escasos recursos, o alguna crisis económica general de la nación, tal vez, producto de la guerra o alguna catástrofe natural. Pero es muy diferente que el creyente debe pasar toda su existencia siendo pobre. Sé que Dios nos libró de la maldición del pecado, que incluye muerte espiritual, enfermedades, trabajo infructuoso y pobreza.

Todas las promesas de Dios, son condicionales, mas su amor es incondicional. Él quiere bendecirnos, pero debemos tomar su abundancia por fe, y proclamarla sobre nosotros, nuestra familia, nuestra iglesia, y en el trabajo. Sobre todo aspecto de nuestra existencia. Existen muchas bendiciones espirituales y materiales, para aquellos hombres que se atreven a obedecer a Dios. La Biblia menciona abundantes promesas para su pueblo, tales como:

“Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también sobre las naciones de la tierra.

Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.

Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.

Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti.

Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da” Dt. 28: 1-8.

Una de las razones más frecuentes de la pobreza económica en el cristiano, es su poca fidelidad en pagar el diezmo al Señor. Los diezmos, son la señal de un pacto, un compromiso entre Dios y el hombre. El hombre entrega sus diezmos a Dios, por intermedio del pastor He.7:8, es señal de reconocimiento que todo lo que posee, incluso él mismo, son propiedad de Dios _La fuente de nuestros ingresos es el Señor, quien nos suministra lo suficiente a través del trabajo personal_, además, Dios se compromete con el hombre que diezma, a suplir todas sus necesidades y cubrirlo financieramente.

El diezmo es señal de amor a Dios. Pagar el diezmo es obedecer a Dios. En el Señor, el amor se expresa por obedecerle, más que con palabras. Le podemos decir a nuestro Señor que le amamos, pero si no le obedecemos, mentimos. Obras son amor, y no sólo buenos deseos. Al diezmar, obedecemos a Dios y materializamos nuestro amor por él.

El tema de los diezmos, tiene su origen aún antes de la Ley de Moisés. Cuando el patriarca Abraham, retornaba de vencer a los reyes de Sinar, Elasar, Elam y Goim. Abraham se encontró con un personaje fantástico llamado Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, cuyo nombre significa: “Rey de Justicia y Rey de Paz”. Este Melquisedec, bendice a Abraham, y recibe de la mano del patriarca el diezmo del botín de guerra. Gn. 14, He. 7.

Pablo señala acertadamente, diciendo: “Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.” He. 7:6-8.

Los diezmos también son confirmados en la ley, como una de las condiciones para la bendición divina Dt.28. El profeta Malaquías, levanta su voz, trayendo palabra de Jehová diciendo: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y aún preguntáis:” ¿En qué te hemos robado?”. En vuestros diezmos y ofrendas.

Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi Casa: Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos” Mal. 3:8-11.

Nuestro aprendizaje, no se detiene en la Ley Mosaica, nos lleva al pacto de la Gracia. Jesucristo mismo, valida en sus enseñanzas la ordenanza del diezmo. El hecho de diezmar a Dios, se tornó mecánico y legalista, como todo al carecer de amor. Ya dijimos que la obediencia es señal visible del amor, el diezmar también es una señal de nuestro amor a Dios. No debemos diezmar por temor, sino, por amor.

Jesucristo confirma el diezmo, en sus palabras dirigidas a los escribas y fariseos, diciendo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello (diezmar)” Mt. 23:23.

Los cristianos, normalmente no diezman por cuatro motivos: Temor, avaricia, incredulidad y contaminación.

Al sentir temor, el hombre deja de creer que Dios cumplirá con su parte del pacto, y que no le alcanzarán sus ingresos para cubrir sus gastos, por tanto, ya no diezma. Su temor lo lleva a la desobediencia, y la desobediencia es pecado. El pecado engendra muerte y mayor temor.

La segunda razón es la avaricia. La avaricia es una forma de idolatría. También es pecado, y debe arrepentirse de ello ahora. El hombre que Dios busca, debe aprender que es mejor vivir con un noventa por ciento ungido, que un cien por ciento no bendecido.

La tercera causa, la incredulidad, es similar al temor. El hombre duda de la provisión divina, entonces cierra su mano. El cristiano, no está dispuesto a confiar a Dios el asunto del sustento financiero, él toma el control, y excluye a Dios de ese aspecto de su vida. Dios queda imposibilitado de prosperar a aquel hombre, pues está en desobediencia, despreció al Altísimo al no confiar toda su vida a él “... Y todo lo que no proviene de fe, es pecado” Ro. 14:23b.

Por último, viene la contaminación. Me refiero al hecho que un creyente que diezma normalmente, presta oído a los malos consejos de personas que no creen en la bendición del diezmo. Generalmente, las personas que entregan este consejo, esconden en sus vidas: incredulidad, temor o avaricia. Estos desconocen que el diezmar es un acto espiritual, en el cual Dios mismo comprometió su Palabra. Cuando actuamos impulsivamente o en forma emocional, es fácil que nos desanimen, por lo tanto, es muy importante saber porqué diezmo, y que bendiciones involucra. El hombre que Dios busca, no tiene una fe ciega, sino, inteligente y documentada en la Palabra de Dios.

Algunos años atrás, participé en la secretaría de la Iglesia Unida Metodista Pentecostal, dirigida por el obispo Carlos San Martín. Observando el templo Central, en donde se encuentran las oficinas corporativas, me llamó la atención el hermoso alfombrado del inmueble. Al transcurrir el tiempo conocí otros templos de alfombrado similar. Consultando, averigüé que un hermano empresario lo había donado en algunos templos.

Escuché su testimonio con interés, y supe que cuando este hermano era muy pobre, desesperado por su miseria, recurrió al obispo por un consejo. Después de orar por él, y recordarle las bendiciones del diezmo, el hermano se marchó.

Dios prosperó su trabajo, y la riqueza no se hizo esperar. Dicho hermano diezmaba con fidelidad y mucho gozo. Al pasar los años, la riqueza fue creciendo y el diezmo se elevó considerablemente. Ante esto, el hermano vuelve a conversar con su obispo diciendo: “Antes era pobre, y el diezmo era pequeño, por lo tanto no me costó darlo al Señor. Hoy que soy rico, y el diezmo el muy grande, me cuesta muchísimo entregarlo”. Oído su argumento, el ministro responde: “Hermano, no se haga ningún problema, voy a orar para que Dios lo haga pobre otra vez, así le será muy fácil diezmar”. Cuando diezmamos, debemos ser motivados siempre por el amor y la gratitud a Dios. No buscando una paga material mayor, como diciendo: “Dios te diezmo diez pesos, dame mil pesos”.
Otras verdades que debemos considerar, para tener salud financiera, es la correcta mayordomía de nuestros bienes.

En esta vida, nada poseemos, sólo somos mayordomos de las bendiciones divinas. Cuando entendemos que todo es de Dios, nuestro cuerpo, nuestra familia, y nuestros bienes materiales, incluso nuestra vida. Entendemos lo importante de administrar dicha herencia. Conozco a hombres que tienen gran capacidad para hacer dinero, pero no han aprendido como gastarlo. En una sociedad consumista y hedonista, el dinero es la principal herramienta de poder y satisfacción. Por lo tanto, como manejamos el dinero, es como manejamos nuestras vidas.

“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” 1° Ti. 6: 10.

La vida, es la unión de ciclos desiguales de experiencias. Cuando el hombre promedio vive un tiempo de gran prosperidad económica. Los negocios andan muy bien, la salud es excelente, además, está joven, cree erróneamente que esto es eterno. Cuando la economía personal está en su punto más alto, es cuando más debemos ahorrar. Al pasar el tiempo, las condiciones económicas cambian, nos envejecemos y somos más susceptibles a nuestro entorno. Si hemos ahorrado lo suficiente, podremos gustar de equilibrio financiero, enfrentar gastos en medicina y la educación de nuestros hijos.

Este principio de mayordomía lo aplicó José, en Egipto. Cuando hubo siete años de prosperidad, José acumuló gran cantidad de granos de trigo y cebada, y de todo alimento no perecible. Al llegar los siete años de escasez y hambruna, José y todo Egipto tuvieron tanta provisión, que aún pudieron proveer a naciones vecinas.

Es muy importante, distinguir entre lo que necesitamos, de lo que deseamos tener. Todo ser humano tiene necesidades básicas, tales como: Alimentación, abrigo, vivienda y transporte. Para estas necesidades básicas, es necesario que ajustemos a nuestros ingresos. Si logramos gastar lo mismo o menos de lo que ganamos, obtendremos una economía saludable. Por el contrario, si gastamos más de lo que ganamos, la crisis financiera tocará nuestra puerta persistentemente.

Hacer un presupuesto mensual, es una receta fácil y eficaz para mantener el control económico. Si eres soltero, hazte asesorar, algunas veces por alguien mayor, o casado. Ahora si está casado, no olvide que a la hora de hacer el presupuesto, debe estar su esposa junto a usted. Es vital en el matrimonio que los ingresos se distribuyan, consultando la opinión de ambos. No lo olvide esto es demasiado importante. No puede suceder en un matrimonio que la esposa, o esposo, no sepan cosas vitales como el salario, AFP, o sistema de salud, pues son una sola carne.

Confeccione un listado de todo lo que se necesite adquirir, y luego establezca prioridad entre lo vital, lo necesario y lo suntuario. No olvide separar los diezmos y un porcentaje para ofrendas “Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como generosidad, y no como de exigencia nuestra.

Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” 2° Co. 9:5-8.

Dios quiere que tengamos en todo, lo suficiente. Él es generoso y nos bendice paulatinamente si somos fieles mayordomos. Siempre podemos acudir a él cuando estamos afligidos. La oración y sus promesas, son buenos aliados de nuestra salud financiera. Bien dijo David: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni que su descendencia mendigue pan” Sal. 37: 25.

El trabajo responsable y permanente, es una buena combinación para forjar una base económica. Todo hombre que se precie de tal, debe enfrentar sus obligaciones económicas, con responsabilidad. El cristiano que no provee lo necesarios para su hogar, resulta ser peor que un incrédulo. El trabajo dignifica y da equilibrio, mas la pereza, trae ruina y deshonor. Pagar las cuentas básicas de agua, luz, gas, etc., es más importante que adquirir algún nuevo bien.

El proverbista Salomón, declara acertadamente: “Mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos y sé sabio: Ella, sin tener capitán, gobernador ni señor, prepara en el verano su comida, recoge en el tiempo de la siega su sustento.

Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás del sueño? Un poco de sueño, dormitar otro poco, y otro poco descansar mano sobre mano: así te llegará la miseria como un vagabundo, la pobreza como un hombre armado” Pr. 6:6-11.

La gran mayoría de nosotros trabajamos, sin embargo, no todos son prosperados. Una de las razones, es la forma en que administramos nuestros bienes. Sin importar cuanto es nuestro sueldo, siempre es difícil hacer un presupuesto.

Debemos tener especial cuidado en los créditos que adquirimos, las tarjetas de crédito cuestan muy caro. Al realizar un presupuesto, podemos hacer algunos ajustes, con el fin de conseguir fondos para gastos de emergencia. Es recomendable, no pensar que las líneas de crédito, son la mejor alternativa para enfrentar los gastos imprevistos. No deberíamos destinar más del treinta por ciento del sueldo, en el arriendo de la casa, electricidad y los gastos básicos. En lo que respecta a contratar algún seguro de invalidez o de vida, se debe evaluar su costo y sus ventajas. De lo contrario, ese dinero se puede depositar mensualmente en un banco para recibir los intereses.

Es saludable tener aspiraciones, pero es terrible dejarse llevar por las ambiciones. No es correcto atropellar a las personas, olvidándose de los buenos modales y la decencia. No tanto porque ellos sean amables contigo, sino porque tú tendrás respeto por ti mismo.

La Biblia, nos enseña que jamás pongamos nuestro dinero en el corazón. “No hagan tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; Si no hagan tesoros en el cielo... porque donde esté su tesoro, allí estará también su corazón” Mt. 6:19-21 (traducción del autor).

El dinero, es el principal problema en la vida de las parejas. Estamos en una sociedad que mide el éxito, por la cantidad de bienes que uno posee. Las riquezas de este mundo no son necesariamente malas en sí mismas. Lo malo está en la incorrecta actitud hacia las posesiones. En especial, cuando el hombre se endeuda más allá de sus fuerzas. Cuando uno cae en el afán de poseer bienes, jamás se sacia.

La Biblia dice que: “... los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque la raíz de todos los males es el amor al dinero...” 1 Ti. 6:9-10.

Es necesario reconocer, que Dios es el dueño de todo, y que tiene derecho a dirigir nuestra economía. Nuestra actitud hacia el dinero, los gastos que realizamos, las ofrendas que damos y las inversiones que hacemos, deben estar fundadas en la idea que todo lo recibimos por gracia de Dios. La forma en que administramos el dinero refleja nuestra madurez espiritual. No podemos servir a Dios y a las riquezas a la vez Lc. 16:11. El creyente, que descubre el secreto del éxito, entendió que es mejor buscar el reino de Dios y su justicia, y lo demás vendrá por añadidura Mt. 6:24-33.

El sabio Salomón, fue un hombre que acumuló muchas riquezas en su reinado. Sin embargo, él enseñó muchos consejos acerca del dinero, algunos de ellos son:

“Honra a Jehová con todos tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” Prov. 3:9-10.

“La mano negligente empobrece; mas la mano de los diligentes enriquece. El que recoge en el verano es hombre entendido; el que duerme en tiempo de la siega es hijo que avergüenza” Prov. 10:4.

“Mejor es un bocado seco, y en paz, que casa de contiendas llena de provisiones” Prov. 7:1.

“A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho se lo volverá a pagar” Prov. 19:17. “No robes al pobre, porque es pobre, ni quebrantes en la puerta al afligido; porque Jehová juzgará la causa de ellos, y despojará al alma de aquellos que los despojaren” Prov. 22:22,23.

“El que da al pobre no tendrá pobreza; mas el que aparta sus ojos tendrá muchas maldiciones” Prov. 28:27.

El poder de la Oración




La oración, es la bendita llave que abre las puertas del cielo. Es la llave maestra que nos permite el acceso a todo el potencial de las promesas divinas. Reiteradas veces los escritores sagrados se toman el tiempo de recordarnos lo importante que es la oración. “Orad para que no entréis en tentación” Lc. 22: 40. Un hombre de oración difícilmente sucumbirá frente a la tentación, porque en la oración hay intimidad y comunicación con Dios. Nuestro éxito en la vida, y nuestro destino eterno, está influido directamente por nuestra vida de oración. La oración produce el contacto necesario, para estar en armonía con nuestro Hacedor. Cuando oramos, nos adentramos en terreno espiritual, lo que nos permite crecer y madurar como creyentes. Abstenerse de una dieta equilibrada de oración, produce “anorexia espiritual”. De pronto creemos que ya no necesitamos de la oración, o que hemos orado demasiado.

“Vigilen y oren siempre, para que no entren en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” Mr. 14:38 (traducción del autor).

Un hombre, una familia, un ministerio, pueden desplomarse por el solo hecho de no orar. Se ahorrarían miles de horas de consejería, cientos de hogares destruidos, millones de dólares en restauración de vidas, si tan solo se orara lo suficiente. “Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús” 1° Ts. 5:17.

Si deseamos crecer en lo espiritual, debemos multiplicar nuestras plegarias, tal como hizo Jesús en su ministerio. Cristo tenía un estilo de vida de intensa oración, solía orar desde muy temprano, y frecuentemente durante toda la noche. Las Sagradas Escrituras registran lo siguiente:

“Despedida la multitud, subió (Jesús) al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” Mt. 14: 23.

“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” Mr. 1: 35.

“En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios” Lc. 6: 12.

Sin duda, el Maestro sentía una gran carga de oración por los perdidos. Mateo relata que Jesús al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros son pocos. Rueguen, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies... ” Mt 9:36-38.
Dios requiere con urgencia, hombres que sientan la carga por los perdidos. Hombres que se empapen con el supremo llamamiento: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” Mt. 28:19. Sin embargo, sería iluso pensar en llevar a cabo tal mandamiento, sin una dieta consistente de oración.

Es curioso notar que un matrimonio cualquiera, que lleva largo tiempo casado, se complementa cada día más. Afirman los consejeros matrimoniales, que una pareja de esposos disfrutará de un amor más pleno, y de una relación más madura, principalmente en la tercera edad. Podemos pensar acertadamente que una pareja humana, requiere de largos años para conocerse, y complementarse de manera óptima. La relación con Dios que se desarrolla a través de la oración, se fortalece gradualmente, y requiere de persistencia y fidelidad. Orar a Dios, es ser fiel al profundo amor que el Señor nos da. La comunicación, tanto en el matrimonio, como entre Dios y el creyente, es el pegamento que une los corazones y las voluntades.

La pareja, después de mucho tiempo juntos, en fluida comunicación, tiende a parecerse el uno al otro. Comparten sus sueños, sus gustos y sinsabores, se crea un clima de complicidad que los une permanentemente. Dios espera fraguar una relación profunda y santa con sus hijos. La única forma de parecernos cada vez más a nuestro Salvador, es pasando mucho tiempo con él.

Todas las personas se comunican a través de la voz, de los gestos y del espíritu. Bueno, con Dios no es distinto, él anhela oír nuestra voz a diario. El compartir nuestros sentimientos a través de los gestos, tal como: Suspiros, muecas, risa y llanto. Son ingredientes que enriquecen la oración. El Señor espera de nosotros más que: “dame” y “¿Por qué esto ó aquello?”: Nuestras peticiones y preguntas saturan el tiempo de oración, sin dejar espacio para nada más. Decir “gracias” y “te amo Señor”, son un buen comienzo para mejorar una plegaria.

En ocasiones, Dios sólo espera que nos mantengamos en silencio, ante su presencia, para hablarnos, o simplemente para manifestarnos su amor. El poder del silencio, es un aspecto de la comunicación que debemos conocer.

Algunos años atrás, se implementó un teléfono “rojo”, el que conectaba directamente a personalidades e instituciones del más alto nivel mundial. Existía un enlace telefónico entre los presidentes de los Estados Unidos, y la antigua Unión Soviética. Dicho teléfono rojo era utilizado para establecer contacto inmediato entre los mandatarios de dichas naciones, y atender asuntos urgentes. El hombre que Dios busca, es sin duda, aquel que siempre está, al otro extremo del teléfono de la oración.

Recuerdo cierta vez, que falló un micro chip en una computadora norteamericana, que produjo en dos ocasiones el inmediato despegue de aviones equipados con armas nucleares. Este involuntario error, pudo haber producido un terrible bombardeo sobre Moscú, lo que hubiese significado un conflicto bélico mundial. Afortunadamente existía el ya mencionado teléfono rojo, y se pudo subsanar este terrible incidente. De igual forma el hombre de Dios, tiene acceso a un sistema de comunicación ágil y eficaz, que es sin duda la oración.

El hombre que Dios busca, se acerca a su Señor, a través de la oración. Para que nuestra oración sea eficaz, debemos creer con todo nuestro corazón que lo que vamos a pedir, será hecho. La duda hace estéril la oración. En vano sería estar toda la noche orando y gimiendo, si realmente no creemos lo que pedimos. Así como una pequeña fisura, puede hacernos perder toda el agua de un gran estanque, la duda nos hace perder una gran respuesta de Dios.

“De cierto les digo que cualquiera que diga a este monte: ”Quítate y arrójate en el mar”, y no duda en su corazón, sino cree que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, les digo que todo lo que pidan orando, crean que lo recibirán, y les vendrá” Mr. 11:22-24.

Muchos creyentes, han perdido el verdadero espíritu de la oración, por haberse vuelto legalistas en sus oraciones. Es más importante experimentar el fluir del Espíritu Santo en la oración, que saber la terminología correcta de la oración. Por mucho tiempo, casi toda oración era definida como: "intercesión", o se creía que la intercesión era el único tipo efectivo de oración. Sin embargo, la oración más efectiva es la que el propio Espíritu Santo nos inspira, ya sea la oración de fe, la oración de alabanza y adoración o algún otro tipo de oración. Con frecuencia, las diferentes clases de oración obrarán juntas. Por ejemplo, la súplica, que es una solicitud ardiente, hecha con el corazón, se utiliza en la intercesión.

Para definir la intercesión, podemos decir que es permanecer en la brecha, entre una o más personas, por la cual oramos. O para usar términos más simples, la intercesión es una oración para abogar por alguna persona. Para entender mejor la intercesión, examinemos en las Sagradas Escrituras algunos ejemplos cuando se hizo intercesión. Primero tenemos el episodio en que Abraham, ora para salvar de la destrucción, las ciudades de Sodoma y Gomorra:

“Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma; y Abraham iba con ellos acompañándolos. Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?

Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.

Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.

Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; pero Abraham estaba aún delante de Jehová. Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad; ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que están dentro de él?. Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?.

Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos. Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza. Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.

Y volvió a hablarle y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor a los cuarenta. Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta. Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los veinte.

Volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez. Y Jehová se fue después que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su lugar” Gn. 18: 16-33
Abraham, nos da un maravilloso ejemplo de amor y poderosa intercesión. En Sodoma y Gomorra, existían cientos, tal vez miles de personas que se habían entregado abiertamente al pecado. El pueblo practicaba la homosexualidad, y muchos otros pecados derivados de su falta de temor de Dios. A pesar de eso, y de haber colmado la paciencia divina, Abraham se transforma en un poderoso mediador de estas ciudades, aun a riesgo de su vida. También podemos ver en esta escena, el inagotable amor de Dios, quien aborreciendo el pecado, ama al pecador. Finalmente la sentencia de destrucción es llevada cabo, pues no se encontró a diez justos, pero Jehová envió a sus ángeles a salvar a Lot y su familia.

Smith Wigglesworth, dijo una vez: “hay algo sobre la fe, que hará que Dios deje de lado a un millón de personas, solo para acercarse a una persona que esté en fe”.

Podemos ver que el clamor de fe, traerá a Dios a la escena. La oración de fe, invoca una bendición. La palabra “invocar,“ significa “traer a la acción, poner en operación, o efectuar algo”. Mas el pecado también llama la atención de Dios, y lo hace tomar decisiones radicales. En lugar de invocar a Dios, el pecado provoca a Dios. Aquí el término “provocar“ significa incitar a la cólera, traer a la acción, hacer que ocurra, agitar la ira con un propósito. El pecado provoca a Dios y desata su juicio.

Muchas veces, leemos en las Escrituras que Israel provocó la ira de Dios, y se desató el juicio por la desobediencia del pueblo escogido. Dios no se goza en ver a su pueblo castigado y triste. De acuerdo con Miqueas 7:18, Dios se deleita en la misericordia. “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia” Mi. 7:18. Diles: Vivo Yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?. Ez. 33: 11

Sin embargo, si aquellos que pecaron y provocaron el juicio sobre sí mismos, y no se arrepienten, la única esperanza para evitar el juicio es que alguien interceda por ellos. “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor” Ez. 22: 30, 31

En estas citas bíblicas, podemos notar cómo Dios mismo proveyó a alguien para ponerse en la brecha, en favor de la nación. Mas cuando nadie fue hallado, el juicio se derramó. Es importante notar, que la voluntad de Dios no era destruir a Israel. Necesitamos entender la voluntad de Dios, cuando vamos ante él para interceder en favor de otros. Lo mejor de Dios, consiste en que la gente se vuelva a él y viva. “El Señor no retarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” 2 P. 3: 9.

Hubo dos oportunidades, en que Moisés tuvo que interceder fervientemente por Israel. Debido a que el pueblo había pecado con su idolatría y murmuración:

“Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos.

Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder; y lo dirán a los habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que cara a cara aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego; Y que has hecho morir a este pueblo como un solo hombre; y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán diciendo: “Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto”.

Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo: “Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y hasta la cuarta generación”. Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí” Nm. 14: 11-19.

Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre.

Entonces Jehová, se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo” Ex. 32: 7-14.

El Salmo 106, nos da una mejor comprensión, acerca de la importancia de las oraciones intercesoras de Moisés. El versículo 23, dice lo siguiente: “Y trató de destruirlos, de no haberse interpuesto Moisés su escogido delante de él, a fin de apartar su indignación para que no los destruyese”. De igual forma, Dios vio que no había un intercesor válido para toda la humanidad, y suplió esa necesidad, enviando a Jesús. Nuestro supremo intercesor que aboga mejor que el gran Moisés.

Jesús vino para cerrar la brecha entre Dios y el hombre pecador. El hombre necesitaba que alguien intercediera por él, de tal forma que pudiera regresar a Dios. El sacrificio de Jesús, lo estableció como el único Intercesor digno de toda confianza en favor del hombre. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador, entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” 1ª Ti. 2: 5.

“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” He. 9: 24

“¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, Él que también intercede por nosotros” Ro. 8: 34.

Fluye de Cristo hacia el Padre, una incesante corriente de intercesión y amor, por quienes le han aceptado como Salvador. En el sentido opuesto, fluye del Padre a Jesús la respuesta para nosotros. Además, Jesús transmite la respuesta divina, a todos los miembros de la iglesia. Jesucristo, se transforma en nuestro permanente y poderoso sacerdote mediador.

“No constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” He. 7: 16, 17

“Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos”
He. 8: 1.

En el concepto de la intercesión se incluye el hecho de que Jesús es nuestro Abogado. Abogado aquí significa "intercesor, consolador.'' La obra de W.E. Vine "Diccionario Expositivo de las Palabras del Nuevo Testamento" dice del término griego “parakletos” que se tradujo como “abogado“ en 1 Jn. 2:1: " Se usaba en una corte de justicia para indicar la asistencia legal, consejería para la defensa, un abogado; por tanto, en general, es uno que aboga en otra causa, un intercesor. En el sentido más amplio significa un socorredor ".

Paul Yonggi Cho Comenta: “Parakletos” o “Consolador”, es una palabra que tiene sus raíces en dos vocablos griegos que significan “junto a uno” y “llamar”, etimológicamente, esta palabra se originó en los tribunales de justicia. Cuando el acusador presionaba fuertemente a un acusado, y éste no sabía como defenderse. Dando la idea que si lograba encontrar algún amigo influyente, le pidiera auxilio con el fin de ser debidamente defendido por el ilustre personaje. Desde ese momento este amigo permanecía en pie junto al acusado como Parakletos, y le ayudaba a ganar el juicio.

La intercesión de Jesucristo es permanente, por lo tanto, el cristiano que pecó, puede encontrar una constante fuente de perdón, cuando el arrepentimiento es genuino. Entonces hay consuelo en el hecho que se perdona el pecado, y que la sangre de Cristo lava tanto el pecado como su mancha, dejando a la persona pura y limpia. Sin embargo, es la voluntad de Dios que la persona deje el pecado 1ª Jn. 2:1; 5:3. "Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis..." "Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo ".

Jesús pasó aproximadamente 3 años y medio, enseñando a sus discípulos. Desde su ascensión intercede cada día por su iglesia, sentado a la diestra del Padre. Jesús ha estado intercediendo dos mil años, por las personas de esta tierra. ¡Cuánta dignidad agrega esto a la oración!. El ministerio intercesor de Jesús incluye ser nuestro Mediador, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Abogado, nuestro Consolador.

El Espíritu de Dios, por medio del apóstol Pablo, exhortó a los creyentes de la iglesia primitiva, a poner en primer lugar, una vida de oración. Primero que todo: rogativas, intercesiones y acciones de gracias. Que se deben hacer por todos los hombres; Por los reyes y presidentes, y por todos los que están en autoridad. Incluso, con aquellos que no son de nuestro agrado.

“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” 1ª Ti. 2:1-2.

El libro de los Hechos, nos relata como el rey Herodes da muerte a Jacobo, hermano de Juan. El apóstol Pedro también es apresado y condenado a morir. Mientras Pedro estaba preso en la cárcel de Jerusalén, la iglesia oraba fervientemente para que Dios lo librara de la muerte. Entonces sucedió que cuando Pedro dormía, sujeto a sus cadenas y fuertemente custodiado, un ángel del Señor se presentó en el calabozo. El ángel ordena al apóstol vestirse y acompañarlo, en el mismo instante que las cadenas se rompían. El primer aspecto curioso es que el propio Pedro no daba crédito a lo que sucedía, y pensaba que era sólo una visión.

Otro hecho peculiar, se produjo en la congregación que oraba en casa de María, la madre de Juan. Aquellos quedaron tan perplejos al oír que Pedro tocaba a la puerta que no lo creyeron. Rode, la muchacha que tiene el primer contacto con el apóstol, al reconocer la voz de éste no abrió la puerta. Me impresionan las afirmaciones de los hermanos: “estás loca”, “es su ángel”. Que expresiones tan extrañas de aquellos cristianos que sin duda llevaban muchas horas rogando por una respuesta. Cuando Dios les respondió, no hubo fe en sus corazones para recibir la bendición de la liberación sobrenatural del apóstol Hch. 12.

Sin duda, nos ha sucedido alguna vez, que estamos orando por algún asunto, pero realmente no esperamos que Dios nos responda. De esta forma terminamos minando nuestra poca fe, y nos resentimos con Dios por su supuesto egoísmo. Es imposible que el Señor sea glorificado con dicha actitud, que en ninguna manera contribuye a ser una oración eficaz.

Kathryn Kuhlman, fue una mujer de Dios, que acostumbraba a orar por las miles de personas que le escribían, en respuesta a sus campañas evangelísticas. En cierta ocasión, una niña de doce años, le envía una tarjeta de Navidad. Los médicos habían dicho que tal vez ella no estaría viva en Navidad. Habían querido amputarle la pierna a causa de un cáncer. La niña envió aquella tarjeta diciendo: “Estoy viviendo para ver esta Navidad, y aún tengo dos buenas piernas, porque Dios contestó la oración, y usted me ayudó. Lo que Dios puede hacer por nuestro prójimo y por nosotros mismos es realmente sorprendente, sin tan solo nos atrevemos a responder fielmente a su llamado de oración.

Los antiguos profetas de Israel, tenían una expresión para señalar la intimidad de la comunicación con Dios, ya fuera en visión, profecía u oración. Dicha expresión “el Secreto de Jehová”, señala la idea de una reunión confidencial, destinada a recibir las últimas instrucciones divinas. Además, entablar un diálogo amplio y profundo, entre el orador y Dios. “Pero ¿Quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio y oyó su palabra?, ¿Quién estuvo atento a su palabra y la oyó? Jer. 23:18 “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” Am.3: 7.

La oración, para ser efectiva implica denuedo y confianza. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” Heb. 4:16. Dios nos invita acercarnos a su trono, sin temor, y con plena seguridad.

Hay muchas cosas por las que necesitamos orar, en especial, orar con pasión y osadía, para que nuestras plegarias conquisten todo lo que Dios tenga para nosotros y nuestro ministerio. La Biblia nos enseña que podemos orar por denuedo.

Pedro y Juan, fueron osados cuando usaron el Nombre de Jesús para sanar al cojo en la puerta que se llamaba la Hermosa. Fueron osados, cuando predicaron el nombre de Jesús ante la multitud que se reunió. Las autoridades Judías observaron su denuedo y los detuvieron para interrogarlos Hch. 4:13. Les ordenaron que no predicaran ni enseñaran más en el nombre de Jesús. Al ser liberados los apóstoles, oraron con fervor, diciendo: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban con denuedo la Palabra de Dios” Hch. 4:29-30.

El apóstol Pablo, pidió a la iglesia de Efeso, la oración por él. Este siervo de Dios, el apóstol de los gentiles, que escribió gran parte del Nuevo Testamento, dijo: "Orando en todo tiempo por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar" Ef. 6:18-20.

Necesitamos denuedo y osadía para actuar. En ocasiones, durante la intercesión, el Espíritu Santo nos invita a ir a aquel por quien intercedemos. Quiero referirme a un incidente en la vida de un gran intercesor, llamado Charlie Hollandsworth. Un día entró en oración de intercesión. El no sabía por quién intercedía. Después de un tiempo de agonizar en el Espíritu, éste le indicó ir al puente de la Calle Monroe. Se apresuró en ir al puente. Cuando llegó, encontró en medio del puente a un hombre que tenía una pierna sobre la baranda, listo para saltar. Charlie detuvo su carro con rapidez, y tomó al hombre con firmeza. Él persuadió al hombre para que entrara a su vehículo. Condujo hasta el campo, donde pudieran estar solos. Y después de dos o tres horas, consiguió que este hombre aceptara al Señor Jesús como su Salvador.

Podemos no saber por quién oramos, pero gracias a Dios, el Espíritu Santo sí lo sabe. Necesitamos valentía para actuar en el mover de Dios. Necesitamos osadía para hacer todo lo que el Espíritu nos indique.

Puedo percibir al Espíritu de Dios, buscando en la Iglesia, hombres en quien él pueda confiar para orar y actuar con decisión. Muchas personas tienen empleos y obligaciones que no les permiten entregarse de todo corazón a interceder. Pero sé que en la medida que usted vaya haciendo la voluntad del Padre, en su interior usted puede estar orando. Dios no le pondrá una carga de intercesión, a no ser que usted esté dispuesto a moverse. Él puede moverse en usted, para orar por alguien, mientras usted trabaja, si el trabajo o labor se lo permite.

No deseche esa carga para orar cuando venga. Tenga fervor para actuar sobre ella
¿Qué hubiese sucedido si Charlie Hollandsworth no hubiera sido sensible a la voz del Espíritu de Dios? Si él no hubiese intercedido aun cuando no sabía por quién. Tal vez, si él hubiera estado demasiado ocupado o insensible a la dirección del Espíritu para correr a ese puente, con toda seguridad aquel hombre se hubiera lanzado del puente, yendo a parar al infierno.


Existe un problema, que derrota a muchos cristianos en su vida de oración. Cuando vamos a la presencia de Dios, tenemos una sensación de inferioridad, un sentimiento de conciencia pecaminosa, porque sabemos que hemos fallado. Tenemos un complejo de culpa. Algunos inician sus oraciones con: "Soy tan débil, Señor; tan indigno", y luego hablan persistentemente sobre su debilidad e indignidad. Cuando entran en la presencia de Dios, diciéndole eso, hablan ellos mismos sin fe. No saben si Dios les oye o no. Todo lo que hacen es suplicar por migajas. Pero veamos lo que Dios dijo: "Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor a mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” Is. 43: 25.

Cuando sabemos que El ya borró nuestros pecados, y que ni siquiera se acuerda que pecamos. Podemos acercarnos a Dios con confianza. Podemos venir con fe, porque somos salvos, somos hijos de Dios. No tenemos que sentarnos sobre la acera, al frente de nuestra mansión a mendigar favores. Podemos entrar confiadamente por la puerta principal, y avanzar hasta el trono para tener comunión con Dios.

Somos hijos de Dios, tenemos el derecho legal. Somos coherederos con Jesucristo del reino venidero. Somos el Cuerpo de Cristo. ¡Eso significa que el Cuerpo puede entrar a la Presencia de Dios Padre con la misma confianza y seguridad con que Cristo puede hacerlo!

Consideremos los elementos, de una vida de oración efectiva. En primer lugar tenemos el fervor:

El profeta Elías, era un hombre semejante a nosotros, mas rogó fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por un período de tres años y seis meses. Él oró de nuevo, y el cielo dio la lluvia, y la tierra produjo sus frutos. La oración efectiva, involucra fervor, fe y entusiasmo. La Biblia nos enseña que debemos ser siempre fervorosos: "En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” Ro. 12:11.

W. E. Vine, dice que la palabra traducida "fervientes" en Romanos 12:11 significa, ser calientes, hervir. La Concordancia Exhaustiva de J. Strong agrega que figurativamente ella significa ser “ardoroso”. Epafras estaba “ trabajando fervientemente" por los Colosenses en sus oraciones Col. 4:12. El término griego “agonizomai”, traducido “ trabajando fervientemente ”, indica una contienda, una lucha.

Después de la Segunda Guerra Mundial, hubo un avivamiento de sanidad divina en los Estados Unidos. Se inició en 1947. Pero no vino porque alguien había orado la semana anterior. Descendió porque muchas personas estaban orando y creyendo que recibirían respuesta. Cuando oraban por eso, lo hacían con un deseo ardiente”.

Debemos estar dispuestos a responder al Espíritu de Dios, cuando él nos llame a orar por algo en particular. En ocasiones hay una dirección, mas otras, sólo una carga. Dios quiere que seamos sensibles a su voz. Cuando Dios, pone ese deseo en su corazón. Dios mora dentro de ti, Él es el único que activa el deseo. El deseo supremo de Dios para la gente es que sea liberada.

Dios no desmaya jamás. Como la salvación, es su deseo supremo, también viene a ser el deseo supremo de cada uno de nosotros. Hemos sido escogidos para interceder por la humanidad, perdida en el pecado, y por una iglesia que necesita ver la gloria de Dios cada día. "Porque nosotros somos colaboradores de Dios..." 1° Co. 3:9.

Por último, tenemos la “perseverancia”. Nuestras oraciones deben persistir en el tiempo, confiando que Dios es fiel en responder a nuestro clamor. “Orando en todo tiempo con oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” Ef. 6: 18.

Cuando el Espíritu Santo, pone sobre el corazón del creyente, interceder, la intercesión no se debe detener, sino, hasta que se obtenga la respuesta, o hasta cuando la carga de oración sea quitada. Existen cargas de oración que suelen durar por horas y aun días. El resultado de la oración perseverante, siempre trae grandes bendiciones, y el poder desatado por Dios como respuesta a nuestra fidelidad, redunda en salvación y vida para muchos.

La razón, para que la "persistencia" sea un ingrediente de la intercesión, es que es fácil deshacerse de la carga y olvidarla. Es una gran responsabilidad sentir que la vida de alguien puede depender de nuestra intercesión. Podemos lograr dirección para nuestras vidas, mediante el estudio de la Palabra y la oración sistemática. Varones como Daniel y Pablo, se caracterizaron por hacer de la oración su estilo de vida. Jamás podrían haber soportado la comisión de tales ministerios, sin derramar continuamente su corazón. El hombre de Dios, no vacila en caminar a diario la extensa avenida de la oración.

“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa; abiertas las ventanas de su habitación que daban a Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, oraba y daba gracias delante de su Dios como solía hacerlo antes” Dn. 6: 10.

Pablo: “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros y de pedir que sean llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” Col. 1: 6.

Podemos señalar que el amor es la base para todas las actividades Cristianas. La compasión es un ingrediente del amor divino. Por tanto, nuestra oración también debe ser motivada por el amor. Jesucristo oró y ministró a las multitudes con amor y poder. Los elementos permanentes de nuestro orar diario, deben ser también el amor y el poder del Espíritu. “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” Mr. 6:34.

Jesús tuvo compasión de las personas, y nos pide compartir esa compasión, orando para que el Señor de la Mies envíe obreros. “Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rueguen, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” Mt. 9:38-39.

Además, el Maestro tuvo compasión por los enfermos y los sanó ”Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos” Mt. 14:14. “Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio” Mr. 1:40-41.

La compasión de Jesús, lo condujo a alimentar a los cuatro mil hombres - sin contar las mujeres, ni los niños - “Y Jesús llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen que comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino” Mt. 15: 32.

En cada oportunidad en donde Jesús fue movido a compasión, la persona afligida, era liberada de su mal. La simpatía humana dice: "Sé como te sientes; lo lamento mucho". La compasión divina dice: "Siento lo mismo que tú" y eso produce liberación. Jesucristo sintió lo mismo que sentían Marta y María, _hermanas de su amigo Lázaro_ pues gimió dentro de su espíritu, y también lloró “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró” Jn. 11: 33-35.

La compasión de Jesús, trajo liberación y vida. Si tenemos la misma compasión, se producirá también liberación. Creo que la mayor parte del tiempo hemos ensayado traer liberación, sin la compasión divina. Allí es donde interviene la oración intercesora.

El pastor John Lake, fue conocido por su ministerio de sanidad y milagros. Tantas sanidades se vieron en su congregación de Johanesburgo, que el informe de esas sanidades llegó a los líderes de todo África. Algunas de las personas más elevadas del gobierno lo buscaron para que orara en favor de la esposa de un alto funcionario. Cuando Lake, llegó al hogar de aquella dama enferma, la encontró postrada con un cáncer terminal. De inmediato se dio cuenta que era una mujer cristiana. Entonces comenzó a leerle algunos versículos, para enseñarle sobre la sanidad divina y hacer que su fe se pusiera en acción. Ella tomó la decisión de confiar en Dios para su sanidad. Los doctores la habían desahuciado, y le daban sólo algunos calmantes para aliviarla. Ella entonces dijo: "Si voy a confiar a Dios para mi sanidad, entonces me voy a arrojar completamente en su misericordia".

“Esta mujer sentía tanto dolor“, cuenta el pastor Lake, “que uno de los ministros de la iglesia y yo permanecíamos todo el tiempo al pie de su cama, orando. Mientras orábamos ella se aliviaba".

Después de haber orado toda la noche, John, tiene una extraña sensación en su cuerpo, él comenta diciendo: "...cuando estaba a un par de cuadras de su casa, la oí que gritaba del dolor. Al sonido de sus gritos, de alguna manera, me parecía entrar en la compasión divina".

John Lake dijo: "...me encontré que corría esas dos últimas cuadras sin siquiera pensar lo que hacía. Sin pensarlo me precipité a la habitación, me senté al borde de la cama, levanté ese cuerpo descarnado entre mis brazos, como si fuese un bebé, y comencé a llorar. Mientras estaba llorando, esta mujer fue sanada por completo". Gloria a Dios.

De alguna manera, la misma compasión de Jesús, y su amor, inundaron su corazón. Los creyentes comprometidos, pueden entrar en esa área de compasión, sólo por la comunión con Dios. Usted no puede tener comunión con Dios, ni puede sentarse en la presencia de Dios, sin que su amor inunde su ser y su compasión fluya dentro de ti. Es entonces, cuando llegamos a este punto, que somos capaces de hacer las obras de Cristo. “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también Jn. 14: 12. Las obras que el Señor hizo, nacieron del amor y la compasión. Las obras que los creyentes harán, son frutos de compartir en su ministerio de amor, a través de la intimidad de la oración.

Concluyendo este capítulo, deseo compartir algunos consejos para el cristiano que desea alcanzar éxito en su vida de oración. Primero debe orar “creyendo” que Dios está dispuesto a responder sus peticiones, si nuestras oraciones están de acuerdo con sus promesas bíblicas, no tengamos ninguna duda que Dios nos responderá. Cristo murió para salvarnos, sanarnos y librarnos de toda opresión del diablo. El enemigo vino para robar, matar y destruir, pero Jesucristo vino para darnos vida abundante, por lo tanto, cuando oramos por sanidad, debemos estar seguros que Dios “desea” respondernos “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados Is. 53:4-5.

Jesús dijo: “Consumado es”, esto se refiere no sólo a su sacrificio completo y satisfactorio por nuestra expiación, sino que nos libera de la maldición del pecado. Al creer en Cristo, nuestro espíritu que estaba muerto en delitos y pecados, renace y llegamos a ser legalmente “hijos de Dios”. Nuestro cuerpo es sanado, si creemos que Jesús nos dio salud plena en la cruz. La sanidad no es algo que lograremos a futuro, sino algo que se nos concedió hace dos mil años atrás en el calvario. Por tanto, debemos acercarnos confiadamente al Señor, sabiendo que Dios es galardonador de los que le buscan. Orando cada día sin desmayar los unos por los otros, sabiendo que en Cristo somos más que vencedores Ro. 8:37